Las personas que han puesto en duda la salud de la economía china, yerran de medio a medio.  Suelen dar credibilidad a  las noticias que se transmiten en los medios occidentales, los más manipuladores y mendaces del globo.

A pesar de blasonar de bajos índices de desempleo, de una escasa inflación, pero de un desmedido aumento de los precios de la vivienda, la obligada desaceleración de la economía del gigante asiático ha causado estragos en los mercados de valores, materias primas y divisas en los EE.UU. Pero aquellos medios hegemónicos no consideran conveniente reconocerlo.

En el siglo XXI y en el año 2016, cualquier mínimo signo de debilidad en China repercute de forma gravísima en el mercado estadounidense.

Por ejemplo, la última pequeña caída en la Bolsa de Valores de Shanghai en 2015, provocó en un descenso dramático en la de Nueva York, sin que las plataformas informativas occidentales dieran importancia al hecho.

Tras la última cumbre del G20, el Partido Comunista chino ha considerado que se exige liberalizar progresivamente los mercados, lo que elevará el poder monetario de un país de 1.300 millones de habitantes, que representa hoy más del 17% por ciento de la economía mundial.

Los EE.UU. han aprendido la lección definitiva.