El canciller ruso Serguéi Lavrov conversaba hace días con el Secretario de Estado de EE.UU., John Kerry, acerca de las fundadas sospechas de que el gobierno de Obama estaba armando al grupo terrorista Al Nusra.

El primero demandó al segundo que respondiera ante la afirmación, corroborada por varios comandantes del Frente al-Nusra, que habían reconocido la recepción de armas por parte de los Estados Unidos.

Lavrov llamó la atención de Kerry acerca de tales revelaciones publicabas en algunos medios alemanes,  así como por las declaraciones del líder opositor sirio Riyad Hijab (jefe del Consejo Nacional Sirio), respaldado por Occidente, en las que aseguró que “la organización Al Nusra no era terrorista”.

Además, el canciller ruso reprochó a Kerry el que un número de unidades anti-gubernamentales a las que que Washington define como “moderadas”, no sólo se habían negado a adherirse al acuerdo firmado por Estados Unidos y Rusia del pasado 9 de septiembre (para fortalecer el cese de hostilidades y la disponibilidad de acceso humanitario sino que en su lugar), sino que se habían unido al mentado Frente al-Nusra y continuaron sus operaciones militares contra el Ejército sirio del lado de unidades de al-Qaeda.

JohnKerry se limitó a sugerir que esas afirmaciones no tenían una base cierta y eran fruto de intoxicaciones periodísticas de medios árabes leales a Al Assad.

Ante tales “regates” por parte de Kerry, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, María Zajárova advirtió a Washington “que el cortejo a los terroristas del Frente al Nusra en Siria le pasarán factura a Estados Unidos”.