La firma del Acuerdo de Paz entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP), para poner fin al conflicto armado más antiguo del continente el pasado 26 de septiembre, ha hecho resucitar una esperanza en la que los colombianos ya habían dejado de creer.

Una paz que no siembre esperanzas es un espejismo, hecho para satisfacer la vanidad de unos políticos y la hegemonía de unos poderes“. (William Ospina, escritor colombiano)

Hasta el 26 de septiembre, Colombia era considerada como el corazón de América Latina, que, durante 52 años, sintió sus trágicos latidos debido a la guerra interna que consumía a sus habitantes día tras día.

Todo esto explica la reacción moderada de la mayoría de los colombianos y la ausencia del jolgorio y el bullicio en las calles de su capital, Bogotá, o especialmente, en Cartagena de Indias, donde ante una plaza llena, vestida de blanco y custodiada por 16.000 agentes de Policía se firmó el acuerdo final entre las FARC y el Gobierno colombiano, que podría ser vital para el futuro del país.

En un acto simbólico y ante la presencia de 17 jefes de Estado, 27 cancilleres, incluyendo a John Kerry, representantes de 10 organizaciones multilaterales, entre ellos el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, el máximo líder de las FARC-EP, Rodrigo Londoño, conocido como Timoleón Jiménez ‘Timochenko’, y el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos firmaron con un ‘balígrafo’ (una pluma hecha de una bala usada en la guerra) el Acuerdo de Paz.

ctx_rbcwgaafxusAl estampar su firma, Santos gritó: “no más guerra, no más guerra”, mientras que Timochenko exhortó a los colombianos a tomar el camino “hacia la política sin armas”.

En su discurso, el líder de las FARC-EP pidió perdón a los colombianos por el dolor causado durante los años de guerra y se comprometió a dejar la lucha armada y seguir luchando sin armas por acabar con la injusticia y la desigualdad, “para que no haya más niños muertos de hambre en La Guajira ni en Chocó“.

También Timochenko aclaró que el Acuerdo de Paz no significa la reconciliación del socialismo con el capitalismo. En su alocución, llamó al Estado a prescribir la violencia y la persecución contra los opositores políticos.

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