Parece que lo evidente pasa inadvertido para la mayor parte de la militancia socialista, perdida en lanzar insultos a diestro y siniestro (aunque más hacia la derecha que encarnan los barones), tras conocer que Pedro Sánchez dimitió de su cargo, dejando un PSOE fragmentado en tres grupos.

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Primero, el que se resigna y comprende la abstención ante la próxima investidura de Mariano Rajoy.

Luego, un segundo colectivo que se decanta hacia un NO tajante, porque cuatro años más de poder pepero provocan ataques de caspa y defiende un pacto de “progreso”.

Y por último, aquel sector que, aún considerando positiva la negativa a que el líder del PP se convierta de nuevo en primer ministro de la monarquía borbónica, no son partidarios de formar un gobierno alternativo con el Club de Fans de Pablito (y sus marcas blancas), Esquerra Republicana de Catalunya, Bildu y/o PNV más PDC.

Ante esas tres opciones: ¿cuál sería la más votada, en el hipotético caso de que la militancia pudiera decidir?

Mucho me temo que las buenas personas que mostraban ayer su ira, furia, enojo o cabreo macabeo ante las puertas de la sede central del PSOE en Madrid (la mayor parte en edad de jubilación), tendrían un problema ético e ideológico ante las tres posiciones descritas.

En el primer caso, pregunto: ¿Cómo podría gobernar el PP, teniendo enfrente a 180 diputados presuntamente contrarios a las políticas de la derecha españolista?

En el segundo, inquiero: ¿por qué quienes defienden el NO radical, no han sido capaces de demandar de su líder, Pedro Sánchez, dónde y cómo se articula ese ejecutivo “alternativo”, cuando el líder socialista se ha pasado DOS MESES sin hacer nada para ello?

Y por último: ¿sería factible formar un gobierno compuesto por nacionalistas vascos, catalanes, podemistas y socialistas?…

Saquen ustedes sus propias conclusiones, pero mucho me temo que, ante esas tres posturas, la dimisión de Sánchez era más que comprensible.