Buena parte del entramado del negocio en EE.UU., pese a las voces y campañas mediáticas en contra del candidato republicano a la presidencia, Donald Trump, apoya sin reservas las propuestas económicas del personaje más vilipendiado en Occidente, por sus obscenas opiniones sobre la mujer y el mundo de la migración.

Para un sector importante del empresariado, el apoyo a Trump se basa en la oposición del rubio millonario a una mayor liberalización de los intercambios comerciales, ya que rechaza los acuerdos actuales (como el TTIP y el TPP) y se coloca a favor de los aranceles y las restricciones al comercio.

Tan reprobable actitud no afecta a las simpatías que despierta entre la clase adinerada (que financia a la mafia política).

Además, las críticas de Trump al uso de la divisa como herramienta de política económica, le han granjeado las simpatías de quienes detentan el poder económico del imperio.

Este último punto es una clara alusión a China. Y en ese tema, hay que destacar que el candidato republicano ha propuesto un cuantioso arancel del 45% para todas las importaciones procedentes del  imperio oriental.

Los aranceles comerciales anti-China podrían beneficiar a las áreas de la industria estadounidense, que han sufrido la dura competencia del gigante asiático, como en el sector del acero.

Esta misma semana,  el gobierno de Xi Jinping acelera medidas tendentes a reducir el exceso de capital de inversión y contención del mismo.