Después de nueve o más años de silencio, varias mujeres han salido, en sospechosa coordinación mediática, a acusar al candidato republicano Donald Trump de presuntos abusos sexuales.

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TOCANALGAS, BASTO, CERDO, OBSCENO, CHULO, MANAZAS… PERO NO ES UN PSICÓPATA CRIMINAL COMO LA SEÑORA CLINTON, NI UN GENOCIDA COMO BUSH, OBAMA, SOLANA, HOLLANDE, AZNAR, BLAIR  O URIBE

Ni que decir tiene que en esta campaña electoral, en la que el 90% de los medios aprovechan tales declaraciones para lograr que el millonario se quede sin el sillón presidencial, el “todo vale” contra el personaje en cuestión parece no tener fin.

En la catarata de presuntas mujeres sometidas a los tocamientos de Trump, surge ahora otra víctima que alega haber sido manoseada en un club nocturno de Nueva York, sin su consentimiento, por el aspirante a la presidencia. No será la última.

Condenar esos abusos es lo natural, si es que se demostraran ante los tribunales, porque la palabra de una persona no es ante la justicia una evidencia.

Lo poco habitual, por desgracia, es condenar al gobierno de Obama y a la propia Clinton, por proteger y armar a los grupos terroristas que siguen matando en Siria, desde hace un lustro, con la alegre complicidad de todos los medios que estos días lanzan sus anatemas contra Trump.

Tal vez es que los “tocamientos” del ISIS o Al Nusra, como los de los “rebeldes moderados”, no se dirigen a las nalgas; basta con usar los dedos de otra forma menos libidinosa, pero mucho más siniestra.

Que Trump es un tipo basto, chulesco, ligón y acostumbrado a comprar sexo donde y como fuere (así suelen actuar la mayor parte de los empresarios adinerados), lo sabemos desde que conocimos al personaje.

Pero que, además de los desaforados ataques en prensa y TV, varias mujeres salgan al unísono contando tales abusos, al cabo de tantos años, me lleva a enarcar la ceja izquierda en plan Clark Gable y dudar volterianamente, mientras una mosca se posa suavemente en la oreja, también izquierda, que musita a mi oído: “¿No hueles a chamusquina?”.

La personalidad del candidato republicano, señalado por el dedo acusador de esas contritas y dolientes féminas, no deja lugar a duda sobre su desmedida mala educación y afición al sexo opuesto.

Pero tampoco son de recibo el fariseísmo y la desmesura que planean en el juicio mediático al que se está sometiendo al homo erectus en cuestión.

Trump es un erotómano, un salido mental, un obsceno, un tocabragas, un semental neoyorquino… pero no es un tipo que se refocile públicamente ante el linchamiento de Gadafi o el asesinato de Bin Laden. No es un psicópata asesino.

Hillary Clinton resulta mil veces más repulsiva y peligrosa que el rubio millonario. Sus manos no sueñan con una cadera, sino directamente con tocar un botón rojo, seguida de cerca por la mirada enloquecida del Dr.Strangelove.

Esta campaña electoral cumple de nuevo con sus requisitos mediáticos: amarillismo, hipocresía, vocerío, chantajes, sobornos, prostíbulo y cocaína, compra-venta de voluntades, acusaciones tardías, rumorología barata y MMM (mucha mugre mediática).

Un aroma inequívocamente estadounidense.