El drama de los refugiados es el mismo en Oriente Medio que en África, en Tailandia o la India. Es idéntico en cualquier escenario donde se produzcan matanzas o se alienten guerras artificiales.

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Siria es, desde hace 5 años (como antes Libia), el territorio donde EEUU y su fámula europea decidieron implementar el terrorismo total, aunque disfrazado de “Primavera árabe“.

Tras convencer a Arabia Saudita y Qatar (dos de las dictaduras más sangrientas del Golfo Pérsico) para que financiaran a miles de mercenarios, tanto de dentro de Siria como fuera del país, el número de víctimas de refugiados que huyen de esa guerra patrocinada en Occidente, se ha convertido no ya en un problema para las naciones que han de acoger a buena parte de esa multitud, sino en un despreciable entramado comercial donde lo “emocional” (típico de los medios amarillentos) dispara las ganancias de los medios periodísticos, merced a la publicidad que adorna las tragedias.

Jordi Évole es un periodista avezado, sutil, inteligente y perspicaz. Como muchos otros profesionales de la TV, conoce perfectamente que si la Iglesia Católica anima a sus fieles para que estos se laven la conciencia en la palangana del dolor ajeno, ¿por qué la televisión va a ser menos?.

Mostrar un drama en alta definición, informar sobre la explotación de miles de refugiados, a quienes sendos negociantes cobran un dinero para facilitarles una patera con destino desconocido, no es noticia.

Bajo el chantaje de una supuesta denuncia y solidaridad mediática, Fray Évole repite un truco tan viejo como orinar en una esquina recoleta, con mucho pis pero sin tanto píxel de por medio.

Porque los mismos que cobran a los refugiados son hermanos siameses de los terroristas que han contratado Arabia Saudita, Israel y Qatar.

Lo que este “salvavidas” evita, como muchos otros colegas que lamen la mano de quien les paga, es señalar y denunciar que el enorme drama de los/as refugiados/as se produce gracias a los oficios criminales de Barack Obama, Unión Europea y varios príncipes y emires del petróleo. Así de crudo.

Usted disculpe, Fray Jordi, pero antes de convertirte en refugiado, tiene que darse una causa. Y esa razón no es otra que la guerra: una guerra artificial, una guerra terrorífica, protagonizada por Al Nusra y el ISIS, patrocinada por el Pentágono, tal y como se produjo la invasión de Irak (¿dónde estaban las armas de destrucción masiva?), el genocidio de la OTAN en Yugoslavia o el perpetrado en Libia.

El Padre Évole actúa de oficio, como el Papa. Intenta “concienciar” con sus sermones visuales, con sus homilías en el mar, hurgando en las razones de la diáspora, de la tragedia personal, para que los pecadores se olviden de quién aprieta el gatillo , mientras lamentan la mala suerte de las víctimas.

Entretanto, el feligrés de la Parroquia del Cristo del Plasma se estremece, deja caer un suspiro y una lágrima solidaria, pero se traga 7 minutos de publicidad manchada de sangre inocente.

Al propio tiempo, el Gran Jefe de Évole sigue viajando a Doha para continuar proponiendo más negocios futbolístico-mediáticos, presentando proyectos a quienes pagan y entregan armamento a los grupos terroristas, culpables de las muertes y los dramas que la cadena donde curra Fray Jordi expuso en Salvados.

Tal vez hubiera sido más oportuno y lógico, titular al programa: “Condenados”…