Hace algunos años, la organización Oriente Medio Briefing (Asamblea sobre el Oriente Medio, SEM), basándose en un informe oficial del Departamento de Estado de EE.UU., confirmó la participación de la Casa Blanca en “las revoluciones primaverales” que sacudieron a muchos países de Oriente Medio y el Norte de África.

El documento, de fecha 22 de octubre de 2010, se titulaba “Iniciativa de Asociación del Medio Oriente: Visión general”. Se trataba de un informe confidencial, pero la SEM logró revelar su contenido a través de la ley de Libertad de Información (Freedom of Information Act).

En esas páginas se hablaba de “hacer trabajos de fondo sobre las organizaciones no gubernamentales” (ONG), manipulando a tales colectivos, reconduciendo sus actividades hacia una “comprensión y defensa” de la política exterior y objetivos estadounidenses.

Otra de las estrategias para acabar con los “estados rebeldes” (Libia y Siria, fundamentalmente), consistía en financiar y armar a colectivos opositores de aquellas naciones (incluyendo mercenarios extranjeros), para que provocasen graves disturbios que generasen víctimas civiles (con preferencia, niños y mujeres), para posteriormente reunir al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y aprobar una resolución como la que permitió a la OTAN el genocidio, invasión y ocupación de Libia.

Todo ello, debidamente promocionado a través de la creación de redes de informadores “voluntarios y espontáneos” que, unidos a la propaganda de la mafia mediática occidental, creasen un estado de opinión favorable a la intervención militar aliada, además de satanizar a los líderes “rebeldes” (Gadaffi y Al Assad), con el único objetivo de satisfacer las exigencias de Israel, cuyo objetivo era eliminar ambos sistemas políticos (incluyendo a Hezbolá), que habían llevado a aquellas naciones a un estado de bienestar y prosperidad como ninguna otra del entorno.

El gobierno de Obama no escatimó en los medios para lograr su injerencia en los asuntos internos de los países en el foco, para lograr lo que el Pentágono llamaba el “Gran Oriente Medio”, según la visión sionista-estadounidense.

Los dramáticos efectos de esas “primaveras” se comprueban, seis años más tarde, en ciudades como Alepo y Homs, en tanto Libia es hoy un estado expoliado, cuyo nivel económico se sitúa en un escenario similar al de 1969, cuando la miseria y las matanzas de la dictadura eran norma en aquella nación.