Las eternas contradicciones ideológicas en el seno del Club de Fans de Pablito, siguen originando división entre los discípulos del colectivo más mediático y menos político del espectro parlamentario borbónico.

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Desde su irrupción en los medios, como si de tratara de una ola gigantesca de nuevas esperanzas para la izquierda española, las cabezas rectoras de esta suerte de secta, presuntamente marxista-leninista, navegaron por un mar de afirmaciones ideológicas que ellas mismas se encargaron de transformar en dudas e incluso en negaciones de lo dicho, pasando de la supuesta veneración a Karl Marx a los postulados del trotskismo más fascistoide.

A sabiendas de que el PSOE jamás iba a establecer pactos de gobierno con Iglesias y Errejón (agencia de información), las testas mentadas fueron dejando caer sus quejas ante el desdén y ninguneo con los que sus propuestas eran recibidas en la familia socialista. Y los testículos fueron encogiendo.

Pablito y sus Boys clamaban: “PSOE y PP, la misma mierda es”. Ante esa soflama, captaron de inmediato el entusiasmo de millones de personas, crédulas e ingenuas, hartas del bipartidismo, convencidas de que el Mesías (el Brian) de una nueva Izquierda había nacido en el Belén de los Borbones.

Lo avalaron personalidades como Julio Anguita y Jorge Vestrynge, cuyo carisma es hoy tan difuso como ayer fuera indudable. Tras las primeras elecciones, Podemos lanzaba piropos y manifestaba su interés en unirse a una parte de aquella boñiga.

Hoy, después del caos que ha enfangado al PSOE por mor del No y la Abstención a la investidura de Mariano Rajoy, las alharacas populistas de Iglesias se han topado con una aparente resignación Errejoniana (el peronista del Club de Fans), recordando algo que ya señalábamos en este blog tras las elecciones del 26-J: el PP, por mucho pacto que estableciera con el partido de Albert Rivera, será preso voluntario de una mayoría parlamentaria: 180 escaños contra 170.

¿Por qué entonces tener miedo al nuevo e inevitable gobierno que presidirá el de Pontevedra?

Es el momento de abandonar el lamento y demostrar que la oratoria puede convencer y vencer. Ha llegado el Día de la Verdad. Es la hora de enseñar los huevos, los ovarios y hacer política.

¿O es que hay miedo al parlamentarismo, señores Iglesias y Errejón?