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Esta semana la Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento Europeo ha aprobado una resolución instando a incrementar la “capacidad institucional de contrarrestar la propaganda inspirada por el Kremlin”. El acuerdo será sometido al pleno de la Cámara el mes que viene.

Como suele ocurrir, la resolución ha vuelto a pasar desapercibida, porque la Unión Europa quiere seguir aparentando que es el santuario de la libertad de expresión y demás libertades, de las que ya no va quedando ni rastro.

No es que los medios convencionales no quieran ninguna clase de competencia; lo que quieren es poder mentir a sus anchas sin que nadie les saque los colores.

Por si alguien ha leído con prisa la resolución parlamentaria, nos permitimos insistir en el detalle: no se prohíbe la propaganda del Kremlin sino toda la que esté inspirada por el Kremlin, que es aquella que no sigue el dictado de las cancillerías imperialistas de Washington, París, Berlín y Londres.

La paranoica demonización de Rusia no ha bastado.

Los medios de todo el mundo están en sus más bajas cotas de credibilidad desde que nació la prensa moderna. Nunca en la historia se han contado tantas y tan absurdas mentiras como en la actualidad. Pero como nada de eso les parece suficiente, pretenderán acompañar sus tonteorías con montajes seudojudiciales, que para eso están pagando a los zánganos del Tribunal Penal Internacional.

Nos esperan juicios del estilo Milosevic contra los malvados de la era moderna que aún no han caído en sus garras (Putin, Bashar Al-Assaad, Kim Yon-Un) y acusaciones espectaculares sobre crímenes de guerra, genocidios, crímenes contra la humanidad y demás.

El ministro británico de Asuntos Exteriores, Boris Johnson, ha iniciado su propia guerra particular afirmando que Rusia corre el riesgo de convertirse en un “Estado paria” y no sucede así, los imperialistas harán todo lo posible para que suceda, es decir, desencadenarán provocaciones, guerras, bloqueos y primaveras por todo el perímetro de las interminables fronteras de Rusia, por no hablar de todos aquellos países “satélites” equiparados a Rusia o aliados a Rusia a los que les espera un futuro muy negro.

Es una Operación Araña a escala internacional en la que no van a escatimar ni medios ni demagogia. Para eso tienen a toda la intrincada red de ONG que han ido tejiendo a lo largo de las dos últimas décadas para defender los derechos humanos, entre los que la libertad de expresión estará ausente.

Ahora mismo en Bruselas un nutrido equipo de políticos y periodistas prepara los informes preliminares de la próxima ofensiva mediática contra Moscú y todos aquellos que se dejan inspirar por Moscú.

Es posible que retorne hasta aquella vieja acusación franquista de que todos los que no se manifiestan a favor de los crímenes del imperialismo y del fascismo están comprados “por el oro de Moscú”.

A la vista del palo que ha supuesto el Brexit, la Comisión de Asuntos Exteriores de Bruselas apunta una de las claves de la futura campaña de intoxicación: se permiten el lujo de decir que es la televisión rusa la que está dividiendo a Europa, o sea, que el Kremlin “inspira” a todos los que se resisten frente a las delirantes políticas europeas.

A los canales rusos, como Russia Today y Sputnik, los califican como “seudo agencias de prensa” y herramientas de propaganda del Kremlin, destacando que se trata de medios públicos de comunicación, es decir, financiados por el gobierno, algo que no han detectado ni en RTVE, ni en TV3, ni en Telemadrid, ni en Deutsche Welle, France24 o la santísima y laureada BBC, por no hablar de medios históricos de la CIA, como la Voz de América o Radio Free Europa.

Los fondos públicos destinados en Europa a las empresas de comunicación superan con creces a los rusos, pero padecen un problema insoluble de falta de credibilidad que no tienen los medios rusos, cuya audiencia se ha disparado en los últimos años como consecuencia de la creciente agresividad del imperialismo y la crisis de la Unión Europea.

La OTAN ha vuelto a presionar a Bruselas publicando un informe en el que -en su típico lenguaje cuartelario- afirma lo que ya sabemos: “Occidente está a punto de perder la guerra de la información contra Rusia”, porque se trata de eso justamente, de una guerra, en la que las noticias son casi tan letales como los morteros y los obuses.

Otro informe de La Voz de América, o sea, de la CIA, dice lo mismo: “Occidente debe intensificar sus esfuerzos para combatir y contrarrestar la guerra de información que dirigen sus adversarios […] Países como Rusia explotan la libertad de prensa en los medios occidentales para extender la desinfomación.

Los que se inspiran en el Kremlin (y el propio Kremlin) se aprovechan de la libertad de expresión que hay en Europa y los imperialistas se disponen a impedirlo, es decir, a acabar con lo que queda de ella, si es que queda algo.

El pasado mes de setiembre el teniente general del ejército y director de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, James Clapper, informó a los miembros del Congreso de Estados Unidos sobre la “guerra rusa de la información”, mencionando expresamente e Russia Today y Sputnik como “armas mediáticas” para la subversión y la utilización de “grupos radicales” para sembrar la confusión en el público.

Fuente: MOVIMIENTO POLÍTICO DE RESISTENCIA