El esperpento de la investidura de Mariano Rajoy nos ofreció todo el abanico de las hipocresías de que son capaces la derecha borbónica y una presunta izquierda, española y periférica, ante un electorado que aún no ha salido de su decepción, desdén y escepticismo absoluto. Rajoy-Tutankabron

Las soflamas del PP, Ciudadanos, UPN, PNV y de la práctica totalidad del grupo mixto (donde conviven especímenes tan aparentemente distintos como PDCE o Bildu) no brillaron por su presencia, sino por ahogar el hemiciclo con tópicos intolerables en personas a las que se les debe presuponer un mínimo de capacidad oratoria.

La intervención del representante del PSOE, principal traidor a la causa del “gobierno alternativo” (según la viperina y siempre oportunista lengua de Pablito Iglesias), dejó claro que la inmolación de Pedro Sánchez (el falso mártir de la investidura) redundará en beneficio del PSOE en unas futuras elecciones.

Hoy comenzó la catarsis del “sucialismo” oficial borbónico, aunque algunos crean que esta investidura ha sido el principio del final.

Desde la bancada del Club de Fans y sus Mareas, se aplaudía, como es natural en todo trotskista que se precie, la perorata del representante de ERC, cuya pasión por la OTAN y sus crímenes es tanta como su servilismo hacia Washington, tan repulsiva como la genuflexión del mundo abertzale hacia la Europa que colaboró en la destrucción y expolio de Libia e Irak, que desde 2011 repite en Siria apoyando a los grupos mercenarios que atentan en Homs, Alepo o Damasco.

El parlamento español ha consagrado a Mariano Rajoy como primer ministro de la monarquía neofranquista. Y se ha consumado el esperpento porque la izquierda NO habita NI se sienta en esas Cortes donde los “antisistema” obtienen millones de euros del régimen, donde el “progresismo” tiene cara de lameculos del Banco de Santander, de agente de la CIA y monaguillo de George Soros.

La izquierda parlamentaria es tan miserable que no condena a quienes están patrocinando las guerras que hoy destrozan el mundo.

Una izquierda light, hipócrita, socialdemócrata, antirrusista, capaz de llamar moderados a asesinos como los venezolanos Henrique Capriles o Leopoldo López; una “gauche divine” que silba y mira hacia el dedo que señala la Luna cuando elogiamos a la Revolución cubana; una esquerra y una ezkerra que se rindieron a los encantos de Obama (léase Clinton), no merecen otro presidente que Mariano Rajoy.

Pero disponen de 4 años para hacer oposición. Por eso estoy seguro de que sus desvergüenzas volverán a salir a la luz en cada plenario. Y eso, al menos, nos asegura cierta diversión.