El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, ha prometido que, una vez que tome posesión de su cargo el próximo 20 de enero de 2017, deportará (algo trabajoso, arduo y lento, pero sencillo en la práctica) o encarcelará (medida improbable por costosa y delirante por impracticable) a tres millones de inmigrantes ilegales que tengan en su curriculo antecedentes penales de carácter graves. Tan seria y rigurosa promesa la formuló en su primera entrevista al canal CBS.

Lo que vamos a hacer es coger a la gente con pasado criminal, con antecedentes, miembros de bandas, narcotraficantes, probablemente dos millones —que podrían ser hasta tres— que vamos a sacar del país o vamos a encarcelar”, hizo saber, en los primeros extractos de la entrevista que se publicará en su integridad en las próximas horas. Las reacciones en las calles no se hicieron esperar.

Miles de personas manifestaron su protesta a los largo y ancho del país, no sólo por tal medida, sino como oposición formal y frontal al resultado de las elecciones del pasado día 8 de noviembre.

Contrastando con esas marchas de rechazo, miles de partidarios del nuevo mandatario aplaudieron la medida en público y en las redes sociales.