Ayer domingo, día 11 de Diciembre de 2016, expiraba la cláusula del tratado de adhesión de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC), por lo que Beijing deberá defender su nuevo estatus como “economía de mercado” ante el resto de socios, que se niegan a reconocerla como tal, por el lógico temor a que el gigante asiático inunde los mercados occidentales con miles de productos a precio de saldo.

Ese pavor atenaza no a las autoridades políticas de los gobiernos de la Unión Europea y EEUU, sino a las confederaciones de empresarios de ambos territorios, que son los sectores sociales de donde entran y salen la mayor parte de los ministros y presidentes de gobierno. Donald Trump es el ejemplo más preclaro de esa realidad innegable.

En este aspecto, resulta muy interesante que un catedrático como Yukong Huang, experto en economía y comercio de la Fundación Garnegie para la Paz, haya declarado sin tapujos la condición de China como país que cumple todos los requisitos para ser miembro de la OMC.

Pero el gendarme del comercio global se opone frontalmente, mientras el gobierno chino prepara su armamento legal para que se cumplan los acuerdos y las normas que rigen en el mercado internacional.