Si como decía Jorge Dimitrov, la rueda la historia gira y seguirá girando hasta el triunfo definitivo del comunismo, es obvio que hemos sufrido un pinchazo en el camino, y antes de continuar avanzando toca arreglarlo.

Desde que allá por el año 2013, el trotskista multimillonario Jaume Roures decidiera lanzar al estrellato a Pablo Iglesias y su grupo de amigos, la izquierda vive una especie de shock anafiláctico, que está siendo aprovechado por los arribistas que toda la vida han sido una minoría vergonzante, para hacerse con las principales organizaciones políticas del estado.

En un país con más de cuatro millones de parados, con la segunda mayor tasa europea de menores viviendo en hogares bajo el umbral de la pobreza, donde de media dos trabajadores mueren al día en accidente laboral por la precarización del empleo, donde han expulsado de su casa a casi un millón de familias desde el inicio de la crisis, y donde 5,1 millones de personas pasan frío en invierno por no poder pagar las facturas energéticas; nos encontramos las calles vacías, la derecha ganando elección tras elección, las direcciones de los sindicatos mayoritarios escondidas en sus respectivos agujeros, y la izquierda mediática debatiendo sobre las cabalgatas de Reyes Magos, o si al frente de Podemos deben estar los pablistas o los errejonistas.

Las organizaciones que deberían defender la lucha de clases se han convertido en una parodia de sí mismas: Toxo pidiendo la intervención de la OTAN en Siria, Pablo Iglesias abrazando a un tronco que le dice cosas al oído, Cañamero comparando el nacimiento de Podemos con el descubrimiento del fuego, Rita Maestre lanzándose puñales con Echenique vía Twitter, Alberto Garzón alabando a Soros “el filántropo anticapitalista” y llamando “carrillista” a todo el que lo critica desde la izquierda, Monedero diciendo que si Marx viviera hoy sería hacker y Lenin escucharía a Los Chikos del Maíz, Carmena lanzando soflamas en favor de la caridad cristiana, y Colau intentando convertir la prostitución en un trabajo como otro cualquiera.

El Coordinador Federal de Izquierda Unida, que fuera antaño el líder político más valorado, es hoy, seis meses después y tras la pérdida del patrocinio mediático, el cuarto, superado por Rivera, Rajoy y hasta por el líder la gestora del PSOE, y sólo Iglesias obtiene peores resultados.

El debate se traslada

Mientras que el entorno político de ciertos dirigentes de IU se lamenta por la victoria del legítimo gobierno sirio en Alepo, se manifiesta con banderas terroristas, y el candidato podemita Santiago Alba Rico sigue promocionando al imperialismo en Oriente Medio y el norte de África, el debate consciente de izquierdas se ha trasladado a otros frentes, sin una organización de referencia.

Hace escasas horas, un artículo en ElDiario.es firmado por la profesora de Estudios Árabes de la Universidad Autónoma de Madrid, Luz Gómez, recibía cientos y cientos de críticas de una izquierda huérfana de organización.

La defensa del gobierno sirio frente a los planes injerencistas de Occidente no la está liderando ninguna organización política, lo está haciendo la vanguardia obrera de forma desorganizada.

El centenario de la Revolución Socialista de Octubre que desembocó en la creación de la Unión Soviética, es otro ejemplo más.

Ha sido la Comisión Octubre, una iniciativa desde las bases de las organizaciones de izquierdas, la que ha lanzado una campaña para reivindicar el legado de la misma.

No ha sido el PCE, quien está yendo a rebufo. De hecho, su Secretario General, José Luis Centella, llegando a unos niveles de cinismo impropios, llegó a calificar el trabajo de la comisión como “un acto fraccional junto a personajes expulsados de IU y del PCE, presentando una comisión dedicada a conmemorar el centenario de la revolución rusa, paralela a la aprobada y puesta en marcha por el PCE, confundiendo a la militancia y compartiendo mesa y mantel con quienes poco pueden aportar a referenciar los valores de la Revolución que dirigió Lenin“.

Suponemos que el “camarada” Centella, ve un aporte mucho mayor a los valores de la Revolución que dirigió Lenin, el cargar contra viejos cuadros comunistas, aliarse con la socialdemocracia y el trotskismo, laminar al sector leninista del PCE, y disolver de facto la única organización que formaba cuadros comunistas y defendía la lucha de clases.

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http://larepublica.es/2017/01/06/cambiemos-la-rueda-pinchada-de-la-historia/

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