Nada que objetar al hecho de que la actriz Meryl Streep aprovechara el acto de la concesión de un  premio a su carrera cinematográfica, para cargar contra algunas frases despectivas sobre inmigrantes y gestos presuntamente ofensivos hacia un periodista discapacitado, pronunciadas y exhibidas por el presidente electo, Donald Trump, en distintos momentos de su campaña electoral.

DOS BUENAS AMIGAS, DOS IDÉNTICAS SENSIBILIDADES, DOS PRESUNTAS REPRESENTANTES DEL "SAVOIR FAIRE"

DOS BUENAS AMIGAS, DOS IDÉNTICAS SENSIBILIDADES, DOS PRESUNTAS REPRESENTANTES DEL “SAVOIR FAIRE”

Lo que me choca es que una amiga fiel e íntima de Hillary Clinton, como la protagonista de “La Dama de Hierro” (en el papel de Margaret Thatcher), no dedicara ni una sola de las frases de su minidiscurso a criticar y condenar las matanzas que presidentes como George W.Bush y Barack Obama ordenaron perpetrar en Irak, Afganistán, Libia y Siria (por citar sólo algunas de las naciones masacradas por la maquinaria militar estadounidense y de la OTAN), cuya gravedad resulta monumental al lado de las salidas de tono del millonario electo como presidente de los EEUU de Norteamérica.

Es algo inherente a las estrellas que sonríen en un mundo de joyas, vestidos lujosos, escenarios, cachupinadas, limousines y buen vivir, cuando tratan de parecer “humanas y comprometidas” con los derechos humanos.

La sensibilidad que quiso demostrar Streep topa frontalmente con su silencio ante el drama de las invasiones, guerras, injerencias y protección del terrorismo, ordenadas por mandatarios de su patria.

Darle un palo a Trump es algo tan habitual como orinar por la mañana. Merecido se lo tiene.

Pero no atizar a quienes provocaron las diásporas de inmigrantes y refugiados que asolan el mundo y que han bombardeado ciudades, dejando miles de discapacitados y muertos, demuestra una doble moral y una cobardía palmarias.

Meryl quiso darle gusto a su contrita comadre, Hillary Clinton, cuyas carcajadas ante el linchamiento y muerte del coronel Gadaffi aún resuenan en el aire.

Pero aquellas risotadas no merecieron el desdén de Streep. Ella es una actriz consumada.