EMILY MORRIS NOS REGALA UN NUEVO E IMPRESIONANTE ANÁLISIS SOBRE LA REALIDAD CUBANA, TAN ROTUNDO Y VERAZ COMO SENCILLO Y DOCUMENTADO

EMILY MORRIS NOS REGALA UN NUEVO ANÁLISIS SOBRE LA REALIDAD CUBANA, TAN VERAZ COMO POLÉMICO, SENCILLO Y DOCUMENTADO

El 25 de noviembre, Fidel Castro, el ex presidente de Cuba y revolucionario comunista, murió a la edad de 90 años.

Castro gobernó la isla, bajo diversos títulos, durante casi cinco décadas, y su muerte ha provocado especulación sobre lo que le espera al país al que él hizo tanto para dar forma.

Especialmente en cuestiones económicas, la mayoría de los expertos aceptan la opinión de que el legado de Castro, el de intentar construir y mantener una economía socialista planificada de forma centralizada, es un fracaso.

La única esperanza de Cuba para el futuro, en este punto de vista, es desmantelar el sistema existente y sustituirlo por uno orientado hacia las empresas privadas y el libre mercado, como hicieron los países ex comunistas de Europa Oriental en la década de 1990.

Este consenso, sin embargo, pasa por alto no sólo las limitaciones que enfrentan hoy los políticos cubanos, sino también la historia del país de enfrentar tormentas difíciles.

Cuba se enfrenta a serios desafíos económicos, pero su sistema ha demostrado ser resistente y el futuro de la isla probablemente sea más de reforma que de revolución.

 ÚNICO SUPERVIVIENTE

Si bien la gestión económica del gobierno cubano tiene mala reputación, es difícil realizar una evaluación objetiva del desempeño a largo plazo del país, particularmente en los años comprendidos entre 1959 y 1991.

La cuestión es la dificultad de medir los costos relativos de las sanciones de Estados Unidos frente a los beneficios derivados de la ayuda Soviética, así como valorar el fuerte sistema de seguridad social de Cuba contra las estimaciones del crecimiento que podría haber visto si hubiera cambiado a una economía más orientada al mercado.

La narrativa dominante en el mundo angloparlante, que está desproporcionadamente influenciada por las opiniones de los economistas de libre mercado y los exiliados cubanos radicados en Estados Unidos, tiende a sesgar negativamente ambos factores.

Pero otros han producido valoraciones más positivas. En 1984, por ejemplo, el economista Claes Brundenius argumentó que, a pesar de algunas debilidades, la economía cubana presentó un ejemplo único de lo que llamó ‘crecimiento con equidad’, registrando un crecimiento sostenido a partir de 1970, al tiempo que logró una distribución de la riqueza relativamente igualitaria.

Pero aunque Cuba pudo haber tenido mejores resultados en estos años de lo que generalmente se reconoce, la excesiva dependencia del bloque soviético la dejó muy vulnerable.

La economía comenzó a estancarse a mediados de los años ochenta antes de colapsar completamente con el final de la Guerra Fría.

Entre 1989 y 1991, la capacidad de importación de Cuba se redujo a la mitad y, en 1993, con las reservas de divisas internacionales agotadas, su gasto en importaciones se redujo a sólo un cuarto de los niveles de 1989.

Entre 1990 y 1993, el PIB se contrajo alrededor de un tercio. Además, las sanciones de Estados Unidos no sólo aseguraban que Cuba fuera excluida del mercado estadounidense, sino que, a diferencia de sus antiguos aliados, no tuviera acceso a financiamiento internacional de organizaciones internacionales (como el FMI y el Banco Mundial).

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