Era una de las prisioneras del campo de concentración de Auschwitz y veía cómo casi todos los días quedaba vacía una litera en el campamento del horror.

ESTHER BEJARANO SE CONFIESA TODAVÍA, ALEGRE Y DICHARACHERA, COMO UNA LUCHADORA ANTIFASCISTA FOTO: JOSE M. CORREA

ESTHER BEJARANO, ARTISTA FRANCOALEMANA, A SUS 92 AÑOS SE CONFIESA TODAVÍA, ALEGRE Y DICHARACHERA, COMO UNA LUCHADORA ANTIFASCISTA, UNA VIRTUD CONDENADA EN EL NEOLIBERALISMO
FOTO: JOSE M. CORREA

Esther Bejarano se levantaba cada mañana pensando que podría morir. Como sus compañeros de fatiga, de lucha y de trabajos forzados, era víctima de la certeza de que la próxima en desaparecer podía ser ella. Hasta que fue llamada a integrar la orquesta de muchachas de Auschwitz y logró sobrevivir al exterminio.

«En mi casa había una vida musical muy intensa. Yo aprendí a tocar piano. Cuando estaba en Auschwitz se fundó una orquesta. Y empezaron a buscar entre los prisioneros quien supiera tocar un instrumento. Yo sabía tocar piano pero no había piano ahí. Había un acordeón y la directora de la orquesta me preguntó si yo podía tocarlo. Nunca había tenido un acordeón en mis manos pero dije que sí. De esa forma integré la orquesta y no tuve que seguir trabajando muy duro como los días anteriores y logré sobrevivir», recuerda esta artista de 92 años en entrevista con Granma.

La cantante, pianista y acordeonista por obligación, no solo se impuso a la oscuridad que significó haber sido víctima de aquellos años, sino que ha encontrado en la música, especialmente en el trabajo con raperos, un camino para que la marcha del horror no se escuche nuevamente.

Esther es una antifascista convencida. Para divulgar lo más posible su mensaje, ha girado por varios escenarios internacionales con el grupo de rap alemán Micro-phone Mafia.

En su itinerario le tocó el turno de desembarcar en Cuba con sus 92 años a cuestas y una vitalidad probada en buena ley.

«Yo soy una ferviente antifascista. Si es posible voy a luchar toda la vida porque no surja más el fascismo que asesinó a mi hermana. He estado dando conciertos en muchos países de Europa y el mundo con este objetivo. Cantamos canciones contra la guerra y por el amor. Yo entiendo que es muy necesario que la juventud se entere de lo que pasó durante el fascismo para que no vuelva a ocurrir. Por eso trabajo hace años con este grupo de rap y ya somos una gran familia, porque además, ellos, como yo, son antifascistas».

Esther aprovecha cada escenario para que el público sepa cómo se mantiene en pie a una edad en la que, como indicarían las leyes de la naturaleza, debería estar en casa rodeada de los afectos y cuidados de su familia.

Ella habla en ráfaga. Pronuncia las palabras tan rápido como un pestañazo. Trata de que cada frase sea un ejemplo lo más fiel posible del destino que se impuso en su vida.

«En el grupo somos tres generaciones y representamos tres religiones: la hebrea, el Islam y el cristianismo. Nosotros tenemos una comunicación magnífica. Eso es algo que queremos enseñar al mundo. Se puede crear un buen trabajo entre personas diferentes con un verdadero respeto a la diversidad, pero siempre enfocados en representar el bien y la justicia», señala esta cantante que en sus primeros tiempos se desempeñó como soprano.

«Obviamente a mi edad ya no no puedo alcanzar ese registro pero sigo cantando», bromea y recuerda nuevamente el objetivo que la mantiene sobre los escenarios.

Esther confiesa que el mundo actual no es el que ella pensaba construir cuando sobrevivió al nazismo y empezó a interpretar temas antifascistas y a impartir charlas a los niños en las escuelas sobre las consecuencias del holocausto.

La artista francoalemana llegó a Cuba hace más de una semana y ha cumplido con una increíble agenda, coordinada por la Agencia de Rap y el Instituto de la Música.

Ofreció junto a los Micro-phone Mafia un concierto en el Palacio de La Rumba, se reunió con raperos cubanos, visitó en La Habana a la comunidad hebrea, y cantó en Camagüey, entre otras actividades.

La cantante acaba de ofrecer su tercer concierto en Cuba, adonde llegó además junto a su hijo Yoram. El show fue ayer viernes en los jardines del Instituto de la Música.

Allí el público pudo ver en vivo a esta cantante convertida en una leyenda viva a la que la música, literalmente, le salvó la vida.LOGO  GRANMA

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