Lo que sigue es una parte del artículo que John Wight ha publicado en CounterPunch, con el tíulo “Russia Must be Destroyed: John McCain and the Case of the Dodgy Dossier“.

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Carthago delenda est (“Cartago debe ser destruida”) son palabras que nos llegan de la historia antigua.

Fueron pronunciadas por Catón el Viejo, el famoso soldado romano, estadista y orador, y nunca han sido más relevantes que en estos momentos.

La Roma de nuestro tiempo es Washington, Rusia es Cartago, y el Catón el Viejo de hoy es el senador estadounidense John McCain, cuya búsqueda de un conflicto con Rusia no tiene límites.

De hecho, para McCain, la creencia de que Rusia debe ser destruida, ha sido elevada a la condición de una verdad evidente y revelada.

La demonización de Rusia

Sobre la cuestión del por qué el empeño profundo de Estados Unidos y del establishment liberal de Washington en mantener a Rusia en el papel de enemigo mortal, la respuesta es muy simple: el dinero.

Grandes y poderosos intereses económicos e ideológicos están vinculados a la nueva guerra fría de los últimos años.

Estamos hablando de los gigantescos presupuestos de Defensa e Inteligencia del país, derivados del apoyo y el financiamiento de la OTAN por parte de Estados Unidos, junto con la razón de la existencia continuada y financiación de la vasta red de think tanks políticos en Washington y en Occidente.

Todo ello está comprometido con el sostenimiento de un status quo de la hegemonía y unipolaridad de los Estados Unidos.

La aparición de Rusia como un contrapeso estratégico para Occidente en los últimos años, ha desafiado y continúa desafiando esta hegemonía de Washington, hasta ahora incontestable.

Ello ha proporcionado oportunidades lucrativas para organizaciones, grupos e individuos con un interés directo en la nueva guerra fría resultante.

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