El matrimonio, hetero, homo, trans, hasta, para, por, según… Perdonen, que me voy del tema con sólo imaginarlo.  No comprendo cómo todavía existen defensores de tamaña tortura.

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Decía que esa unión de destino en lo personal (a la que cantaba mi siempre querida y admirada Kiki D`Akí, por obra de mi no menos estimado y admirado amigo Fernando Márquez) tiene la ventaja, cuando llegan el hastío o las hostias verbales, de que cada uno de los componentes del tándem (a menos que sean viciosos/as y jueguen al ménage à trois) se largan, cada uno por su lado, con vientos frescos y pedorretas calientes.

En el caso de los partidos políticos les traiciona su propio significado: nacen ya partidos en dos, en tres o en cuatro pedazos de cachos de trozos. Por eso se llaman así. Demasiada ambición personal y poca chicha ideológica.

Luego pasa lo que pasa; que la militancia se queda pasmada o cabreada, se revuelve contra las direcciones y comités centrales, se defecan en los dioses del Olimpo o del Vaticano y repiten que votar es una pérdida de tiempo.

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No les falta razón. Esta suerte de democracia no es lo que nos quieren vender el Pablito y el Mariano, el Rivera y el Hernando, el tribunal constitucional o el supremo.

La democracia representativa es una completa boñiga comparada con la participativa, pero esta última exige más compromiso personal con el estado y con las comunidades. Ardua tarea.

No me insulten, pero tengo motivos suficientes para considerar al prototipo de homo hispanicus  como pelín renuente a la hora de asumir responsabilidades colectivas, más allá de las alharacas partidistas. Pero regresemos a los partidos… partidos en dos.

Al PP le ha salido un Aznar por la derecha, que ya es decir. Puro fascismo, con criminal de guerra a la  cabeza en plan supervallisoletano macarra, cuyos admiradores deben poseer un cociente intelectual similar al de aquel que vendió su automóvil para comprar gasolina.

Al PSOE lo rompió un veleidoso Pedro Sánchez, primero en plan conciliador con Ciudadanos y desconfiado por los lametones del Club de Fans de Pablito. Pierde la investidura y al cabo de un mes se arrepiente, tratando de camelar a los ninis, ante el escándalo de Ferraz. Hoy, Susanita aguarda, con sonrisa trianera, que le caiga una breva que tiene cara de higo chumbo.

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La Iglesia trotskista de Pablito tiene dos y hasta tres brazos o piernas, según se vea. Por un lado el líder de la casta pijiprogre, cuya mediocridad es tanta como la de su Judas Errejón, jefe de la falange socialdemócrata. Y por arriba, en Túnez o en Madrid, agazapado entre yihadistas y rebeldes ucranianos con rostro de Stepan Bandera, trama nuevas estrategias el tanatófilo Santiago Alba, padre de las primaveras árabes, tan ciego como José Feliciano y tan miserable como Fernando Savater.

La excepción a esas quiebras la encarna Ciudadanos. Lógico: si el colectivo catalano-español se partiera en dos, no quedaba ni la sombra de Rivera.

Visto lo visto, puede afirmarse que los partidos están más rotos que nunca. Pero que no decaiga la fiesta, porque ha nacido la bicefalia tripartidista. ¡Viva el caos!.

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