Si hablara del yihadismo este artículo perdería su gracia, por lo que hablaré del anarquismo, o sea, de la asimilación del anarquismo al terrorismo y de los réditos que de ella se han derivado siempre, desde hace más de cien años.coupat

Pero si hablara de la “lucha contra el terrorismo” (anarquista o cualquier otro) en España acabaría en una mazmorra inmunda, así que hablaré de otro país, como Francia, por ejemplo, algo que -de momento- no atraerá las iras de ningún inquisidor de la fiscalía (o eso espero).

En 2008 la policía antiterrorista francesa, respaldada por la correspondiente intoxicación mediática, como es habitual, fabricó la historia de los sabotajes a varias líneas del AVE francés (TGV).

Un caso claro de terrorismo cuya lotería le tocó a los anarquistas, aunque podía haber tocado a cualquier otro. Lo importante es que la policía y los medios necesitaban ruido y les resulta fácil lograrlo si nadie les hace frente como se merecen.

Como consecuencia de aquellos “sabotajes anarquistas” la policía francesa remueve Roma con Santiago, con redadas y registros en cada uno de los centros donde se reunían los sospechosos, hasta que dieron con el lugar ideal para orquestar la farsa: una comuna de okupas en la localidad de Tarnac.

Aquellos pacifistas y alternativos no eran tan inofensivos como creían los vecinos, sino tipos peligrosos y mal encarados. ¡Hay que estar un poco más alerta y llamar a la policía a la mínima sospecha!

La lotería policiaca siguió cuando algunos (y no otros) fueron acusados de un delito creado en los tiempos en que el general fascista Petain era el amo del Vichy colaboracionista de la Segunda Guerra Mundial.

Se llama “asociación de malhechores con fines terroristas”, el equivalente a la “pertenencia a banda armada” autóctona.

A Francia no le bastaba con el yihadismo sino que también necesitaba resucitar el “terrorismo de extrema izquierda” para justificarse a sí misma, sus atropellos y sus crímenes: el auténtico terrorismo de Estado.

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