La corrupción política en España ha sido una constante desde el reinado de Felipe III hasta nuestros días, siendo a partir del siglo XX el tema favorito de los medios de comunicación, que ven cómo aumenta su número de lectores-oyentes-espectadores de forma espectacular. Y en el XXI, en alta definición.

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Sin embargo, las diferencias de criterio de magistrados y tribunales a la hora de decidir penas de prisión, por delitos del mismo calado, levantaron nuevos escándalos que dejaban dudas razonables sobre la cacareada independencia del poder judicial, como la del poder político respecto de los medios periodísticos, cuyos dueños ayudaron (y lo siguen haciendo) a conformar opiniones de distinto signo, según convenga, sobre instituciones, personalidades y organismos, para favorecer o perjudicar a partidos políticos.

En la Argentina de Mauricio Macri, lo inmoral no es ya la corruptela diseminada en todos los ministerios, incluido el de justicia (uno de los antros más corrompidos del estado, junto al ejército y los medios de comunicación, todos ellos empapados por la ideología de la dictadura), sino los casos de corrupción made in Macri, empresario futbolístico que fuera procesado en 2001 por contrabando, después de que se probara el cobro de reintegros por exportaciones e importaciones de la empresa Sevel al Uruguay; nuevamente llevado a los tribunales en octubre de 2002,  junto al titular de la Asociación del Fútbol Argentino, Julio Grondona por administración fraudulenta en la compra de los sistemas de video para controlar la seguridad en los estadios.

Este “alpedólogo” y mandatario apareció años más tarde en los Panamá Papers, junto a otras muchas personas de su entorno, en sendas cuentas bancarias offshore, entre las que se encontraba su padre, Franco (¡qué casualidad tan española¡); poco después, saltaron a escena el memorando con Qatar y las coimas (sobornos) de la empresa constructora brasileña Odebrecht, donde Gustavo Arribas, íntimo amigo de Macri, aparecía como principal beneficiado.

Por último, tenemos la condonación de una deuda millonaria del país del tango y la vidala, a quien fuera dueño del Correo Argentino, de la que resultó beneficiado también el ya mentado papá del presidente: Franco Macri.

Con tantas coincidencias en temas de corrupción que hoy salpican al PP y al presidente argentino que acaba de pasar una semana en Madrid, el escándalo radica en que NI UNO SÓLO DE LOS MEDIOS ESPAÑOLES DE COMUNICACIÓN DE ALCANCE NACIONAL ha sido capaz de citar ambos rumbos paralelos.

El denostado presidente Trump tiene razón: la corrupción alcanza a todo el entramado de los medios periodísticos, donde se enriquecen personajes de una catadura moral como la de todos los condenados en la Gurtel, las Tarjetas Black y Bankia.

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