La causa por la que lucharon Rosa Luxemburgo y Clara Tsetkine sigue vigente en Rusia, si bien son las floristerías los establecimientos que más se benefician del 8 de marzo. Una jornada que sigue siendo una gran fiesta para la población rusa.

CUANDO LOS DERECHOS DE LA MUJER EN RUSIA SE CUMPLEN DESDE 1917, EL 8 DE MARZO ES UNA FIESTA, MIENTRAS QUE EN OCCIDENTE SIGUE SIENDO UNA JORNADA DE LUCHA Y REVINDICACIÓN

En un escenario en el que la igualdad de género es una realidad, la mujer rusa sigue disfrutando ante el obsequio de un simple ramo de flores, detalle que olvidan muy pocos ciudadanos/as.

El 8 de marzo es en este país otra suerte de 14 de febrero, al que se añade el recuerdo y el retrato de Rosa Luxemburgo en la mayor parte de los mensajes que pululan en las redes sociales, como homenaje a esa gran figura de la historia.

No es que el feminismo no tenga seguidoras/es en la Federación, sino que las mujeres rusas tienen una percepción diferente de la de Occidente sobre esta jornada. Por fortuna, la igualdad de derechos es en Rusia más que un hecho palpable.

Los logros del sistema soviético son impresionantes: las mujeres pudieron ejercer el voto en 1917 (gracias a la Revolución), mientras que en España no se reconoció hasta 1931 y en Francia no se produjo hasta 1944.

El derecho al aborto, libre y gratuito, fue legalizado en 1920 por el gobierno de la URSS (las mujeres y los hombres estaban construyendo el comunismo en igualdad de condiciones), mientras que en la mayoría de los países de África, América Latina (excepto Cuba), Oriente Medio y buena parte del sudeste asiático el aborto todavía hoy es ilegal y está penalizado en alguno de los supuestos.

En Francia, medio siglo después, Simone de Beauvoir todavía reclamaba la interrupción voluntaria del embarazo en 1970. En España, ni el PSOE quiso equiparar ese derecho al nivel de China, Cuba o Rusia.

La primera mujer cosmonauta en la historia fue rusa, las mujeres soldados, las pilotos de guerra eran habituales, porque en realidad la Segunda Guerra Mundial contribuyó decisivamente a la plena igualdad de la mujer.

La mayoría de los hombres luchaban en el frente, mientras las mujeres permanecían en las fábricas para colaborar en la fabricación de tanques y armas con las que se derrotaría al nazismo.

Después de la guerra, que costó a la URSS 27 millones de muertos, mayoritariamente hombres, la ingente tarea de reconstruir la unión de repúblicas cayó sobre los hombros de la mujer. Tanto es así, que la imagen de una mujer fuerte, decidida, valiente, independiente y responsable, todavía está arraigada en la sociedad actual.

De acuerdo con un informe de la auditora Grant Thornton, publicada en este mes de marzo de 2017 en la revista “Women in Bussiness“, Rusia ocupa el primer lugar entre los países donde las mujeres ocupan más puestos de alto nivel en el mundo empresarial, con un 47%, lo que significa un aumento del 7% en comparación con 2015.

Por otra parte, la legislación actual en Rusia prohíbe, tanto en la esfera pública como privada, despedir a una mujer durante su permiso de maternidad, que dura legalmente hasta que el niño alcance la edad de 3 años. Si se tratara de una madre soltera o viuda, sería una persona “intocable”, hasta que sus hijos/as cumplieran los 14 años.

El ideal soviético de la mujer-director de una fábrica, como se presentaba en el oscarizado filme “Moscú no cree en las lágrimas”, donde la protagonista puede criar a sus hijos, trabajar y mantener su hogar, refleja en gran medida a la mujer rusa del siglo XXI.

Por todas esas razones y logros, el 8 de marzo se ha convertido en un día de celebración, que contrasta con las estereotipadas imágenes de la mujer aparentemente “frágil y sensual”, que en Occidente sirve todavía para anunciar en los medios toda clase de perfumes y desodorantes (medio desnuda junto a un “macho”), alimentos infantiles (siempre es la madre la que da de comer al niño), compresas, fajas y otros productos para “realzar la figura”.

En las calles de Madrid, Nueva York, París o Roma, se sigue reivindicando el derecho al aborto gratuito, la igualdad de salarios, de trabajo, de oportunidades para la mujer, mientras en la prensa y la TV, la explotación del atractivo sexual de la mujer es una constante en la práctica totalidad de los spots publicitarios.

Un sarcasmo que define la hipocresía de un neoliberalismo contradictorio, machista y mendaz.

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