En respuesta a una carta abierta a los parlamentarios, el presidente Hollande asegura que ha cumplido su promesa de “apoyar el reconocimiento internacional del Estado palestino“. Y añade: “Pero reconocer a Palestina sería inútil en el contexto actual“.

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François Hollande respondía así a los 154 parlamentarios que le han dirigido una carta abierta el pasado 26 de febrero para pedirle que reconociera al Estado palestino. Y su respuesta fue negativa.

“Un reconocimiento unilateral del Estado palestino por parte de Francia no tendría ahora el efecto deseado por nuestros socios”, escribió el presidente pensando seguramente en Israel.

En otras palabras, este gesto diplomático, por simbólico que fuese, no tendría resonancia en el contexto actual de la política internacional.

Si se retoma la decisión de la Asamblea francesa, según la cual “el pueblo palestino tiene derecho a detentar la categoría política de estado“, no parece tan complicado dar el paso de reconocimiento oficial.

En su justificación, Hollande no convence a ninguno de los firmantes de la carta. Entre ellos, una gran mayoría de parlamentarios de izquierda, el ecologista senador Esther Benbassa, el secretario nacional del Partido Comunista, Pierre Laurent y la senadora socialista de París Marie-Noëlle Lienemann. También habrían firmado tres diputados republicanos.

François Hollande, sin embargo, destaca en su carta las iniciativas adoptadas en favor de Palestina durante sus cinco años como presidente y los intentos de Francia, bajo su mandato, por convencer a sus socios de la importancia que tendría la creación de un estado palestino.

Se refirió tanbién a la conferencia internacional celebrada en París, sobre Israel y Palestina, organizada el pasado mes enero, así como el hecho de que Francia votó en diciembre de 2015 por la resolución de la ONU 2334, que condena los asentamientos israelíes.

La negativa final del todavía presidente, para defender los legítimos derechos de una Palestina libre y soberana, dejan clara la baja estofa del mandatario más impopular de Francia desde los tiempos del mariscal Petain.

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