El régimen presidencialista permite a la primera autoridad de un país gobernar por decreto en caso de que, como sucedió ayer en el Parlamento borbónico, el primer ministro de la monarquía saliera del hemiciclo con el decreto-ley sobre el conflicto de la estiba entre las piernas.

Mientras se le fruncía el ceño y el frenillo, Rajoy echaba cuentas por los 23 millones de euros (que saldrán del bolsillo de todos y todas) que España tendrá que pagar a la Unión Europea.

El cabreo se dibujaba en el rostro del gallego con el mejor estilo hiperrealista, imaginando la bronca del organismo continental por no haber logrado adaptar el sector de la estiba a la normativa europea.

El gobierno del reino de España queda en una posición desairada ante Bruselas, que había bendecido la medida.

Y para más inri, queda clara la inestabilidad de una legislatura en la que se repetirán, por muchos pactos-favores que el PP haga al PNV, votaciones que echen por tierra otras propuestas como los presupuestos generales del estado para 2017, aún sin aprobar en Las Cortes.

No dudo que Rajoy envidie, aunque le duela, como buen neofranquista que es, ciertas ventajas de los sistemas republicanos que permiten, como en la Argentina del siniestro Macri, gobernar por decreto y saltarse a las cámaras, alta y baja, para imponer sus leyes.

Y me pregunto: ¿Será Mariano el que nos conduzca a la III República española…o más bien se adelantarán las elecciones? Apuesto por lo segundo, o es que creéis que estoy loco?

 

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