Impresionante, genial, oportunísimo, directo y bien elaborado el maravilloso discurso de Pablito en el Congreso, fustigando a aquellas personas que siguen cortando el rabo y las orejas a los perros.

España estaba pendiente de esa tortura desde hace decenios y en las calles y plazas de las ciudades españolas no se hablaba de otra cosa estas Navidades.

Sin embargo debemos recriminar al inteligentísimo Iglesias que se olvidara del dolor de millones de niños que nacen con fimosis (la práctica totalidad), a quienes familiares o doctores, sin el menor recato, seccionan parte del prepucio, arrojando a la basura ese trocito de piel hurtado al pene.

Menos mal que varios pedacitos del pellejo del Niño Jesús se conservan en decenas de iglesias y catedrales del mundo, lo que demuestra que el prepucio del hijo de María debía medir más de veinte metros.

Ah, y no habló de la ablación del clítoris a las mujeres, que aún se practica en países como Benín, Burkina Faso, Camerún, Chad, Costa de Marfil, Egipto, Eritrea, Etiopía, Gambia, Ghana, Guinea, Guinea-Bissau, Kenia, Liberia, Malí, Mauritania, Níger, Nigeria, República Centroafricana, República Democrática de Congo, Senegal, Sierra Leona, Somalia, Sudán, Tanzania, Togo, Uganda y Yibuti. Pero también se practica en Europa, Estados Unidos y Oriente Medio entre inmigrantes procedentes de estos países.

Espero que en próximas intervenciones, Pablito nos sorprenda con otros reclamos de tanto interés.

Y como muestra de esa bárbara costumbre,  dejo un cuadro relacionado con lo dicho, en el que vemos al niño Jesús cómo sufre y resiste su dolor mientras le seccionan el Santo Prepucio.

¡ANDA QUE NO DUELE ESTA ABERRANTE COSTUMBRE¡

 

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