Pocas horas antes de la primera reunión cara a cara entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el de China, Xi Jinping, se produjo el lanzamiento de un misil balístico por parte de la República Popular Democrática de Corea (RPDC), el último de una serie que ha sido acompañada de una escalada de amenazas estadounidenses contra Pyongyang.

EN LOS EE.UU. LA GUERRA ES LA EXCUSA MÁS IDÓNEA PARA GANAR POPULARIDAD. ¿SERÁ CAPAZ CHINA DE FRENAR EL BELICISMO DEL IMPERIO?

Dado el casi total aislamiento internacional que soporta la RPDC, las pruebas de misiles suelen ser el método preferido de Kim Jong-un para informar al mundo exterior, especialmente a sus enemigos, de que está bien preparado para repeler una agresión.

Como sucede desde hace decenios, las presiones y provocaciones de Washington van “in crescendo”, a las que responde el gobierno de la RPDC con ese tipo de lanzamientos.

Trump acaba de emitir señales explícitas acerca de una posible solución militar, enviando a la zona marítima que rodea la península coreana uno de los más modernos portaaviones de la armada estadounidense.

El secretario de Estado, Rex Tillerson, ni siquiera comentó el lanzamiento del misil, limitándose a señalar de forma concisa que  “Los Estados Unidos han dicho lo suficiente acerca de la RPDC y no hay más comentarios que añadir”.

Esta clase de silencios podrían preceder a estruendosas acciones bélicas, sobre las que China no se opondría radicalmente, aunque formularía las consabidas declaraciones oficiales para llamar a la calma, tal y como Xi Jinping hizo cuando Trump le comunicó el lanzamiento de misiles Tomahawk contra la base aérea en Siria.

¿ESTARÍA DECIDIDO XI JINPING A ENTABLAR CONVERSACIONES DISUASORIAS CON KIM JONG-UN PARA EVITAR UN ATAQUE DE EE.UU. CONTRA LA RPDC?

Lo que se ignora es el grado del ataque previsto por Washington y la respuesta de Pyongyang, que se supone inmediata, pero no contra EE.UU. sino contra su vecino del sur.

El presidente de Estados Unidos, en una entrevista con el Financial Times, invitó a Beijing para que cooperase con Washington de cara a detener el programa nuclear de Pyongyang, pero si esto no se llevara a cabo, Trump aseguró que, en ese supuesto, “lo resolvería él solo y a su manera”. Para echarse a temblar.

Los repentinos ataques de furia del mandatario estadounidense contradicen la opinión del Jefe del Comando Estratégico de Estados Unidos, el general John Hyten, responsable entre otros del arsenal nuclear estadounidense.

Hyten explicó que Beijing es esencial para afrontar los desafíos de la RPDC, lo que implica que cualquier solución unilateral podría arrastrar a China a un conflicto bélico no deseado, en sus mismas fronteras, o situar al gobierno de Jinping  en la peligrosa tesitura de enfrentarse a Washington.

Sin embargo, el mismo general había añadido que el comando dirigido por él presentaría a Trump los planes concretos para una posible opción militar contra Pyongyang.

Esa alternativa, la menos inteligente, podría estar precedida de un nuevo paquete de sanciones y ataques cibernéticos ilegales; algo que fue sugerido abiertamente por un miembro del personal de la Casa Blanca, porque según ese funcionario “el tiempo ha expirado y la situación en la península requiere acciones inmediatas”.

EL GENERAL JOHN HYTEN YA TIENE ULTIMADOS LOS PLANES PARA ATACAR A LA RPDC

Incluso el Secretario de Estado Tillerson, durante su viaje al Lejano Oriente a mediados de marzo, sugirió que la política de “paciencia estratégica” con la RPDC había llegado a su fin y que en la mesa también se estudiaba la hipótesis de un ataque militar.

Trump necesita de la admiración de quienes confiaron en Obama y apostaron por Hillary Clinton. El rubio millonario precisa del muy influyente entorno de Hollywood y de los medios que le ridiculizaron durante la campaña electoral.

Y para ello, Donald es capaz de seguir lanzando misiles contra Siria, contra Irán o contra la RPDC, al comprobar que tanto Rusia como China permanecen en una actitud de respeto a la legalidad, mientras EEUU y la Unión Europea parecen aceptar la consagración de la ilegalidad permanente, como fórmula para terminar con sus conflictos.

Las vías del diálogo no sirvieron ni a Bruselas ni a Washington para encarar los golpes de estado en Honduras, en Paraguay, en Brasil y en Ucrania además de los planes desestabilizadores, liderados por la USAID y la NED, en Venezuela y en Cuba. Y no sirvieron porque Occidente había decidido terminar con las mesas de negociación.

De hecho, cuando hace unas semanas Beijing había propuesto un retorno a la mesa de negociaciones, pidiendo a los Estados Unidos que detuvieran los ejercicios militares conjuntos con las fuerzas armadas de Corea del Sur, a cambio de la congelación del programa nuclear de la RPDC, Washington se opuso con un NO seco y rotundo.

Ex funcionarios estadounidenses también han confirmado estos días que la administración Trump está considerando seriamente una acción militar contra la RPDC.

Uno de ellos es el último secretario de Defensa de Obama, Ashton Carter, quien el pasado fin de semana se mostró pesimista sobre la posibilidad de resolver la crisis diplomáticamente.

Carter, considerado uno de los “halcones” de la administración demócrata anterior, habló de un posible ataque preventivo contra instalaciones militares de la RPDC, aún sabiendo que Pyongyang podría responder con un contraataque nuclear o una invasión contra Corea del Sur.

ASHTON CARTER, UNO DE LOS HALCONES DEL GOBIERNO DE OBAMA ESTÁ DE ACUERDO EN UNA RESPUESTA MILITAR CONTRA LA RPDC.

En este punto, el escenario sugerido por el Pentágono se torna catastrófico y demuestra la falta total de escrúpulos que reina en los círculos de poder de Estados Unidos, cuando se trata de jugar con la vida de millones de personas.

Carter fue capaz de mostrarse muy optimista sobre el resultado del conflicto, asumiento que una guerra contra la RPDC sería de una intensidad y violencia mayor que la de 1950-1953, que se saldó con 5 millones de víctimas mortales, heridos y desaparecidos.

La prensa occidental, siempre manipulando e ignorando la realidad, minimiza el poderío de la RPDC asegurando que “el régimen no cuenta con la capacidad técnica para equipar un misil de largo alcance con una cabeza nuclear“.

Pero el ex director de la CIA, Michael Hayden, advirtió en una entrevista reciente a la CNN que “antes de que finalice el mandato de Trump, Pyongyang sería capaz de alcanzar con un arma nuclear, montada sobre un misil balístico intercontinental, cualquier ciudad del oeste de EEUU”.

Los vientos de la guerra soplan en el noreste de Asia, impulsados por los medios de comunicación y por la clase política occidental, que omiten calibrar las desastrosas consecuencias de un ataque contra la RPDC.

Una guerra causaría no sólo un gran número de víctimas en la península coreana, sino que salpicaría a China y tal vez a la propia Rusia o a Japón, porque muy probablemente se utilizaría armamento nuclear.

La nueva crisis en Asia oriental se ha disparado después de la visita a EEUU del presidente chino. La ya demostrada agresividad de la nueva administración republicana en Washington es impredecible. La soberbia de Trump para hacerse grande él y su “América”, podrían llevar al mundo a un escenario caótico.

La guerra, no lo olvidemos, sigue siendo un negocio milmillonario.

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