El ataque estadounidense en Siria demuestra que Donald Trump ha callado a la oposición“, dice el ensayista Jean Bricmont, profesor universitario de Física y ensayista belga, autor y co-autor de varios libros, entre ellos “Razón contra el Poder” (con Noam Chomsky), “La República de los censores” y “La Impostura de los intelectuales” (con Alan Sokal).

BRICMONT, CATÓLICO PRACTICANTE, LLEVA DESPLEGANDO SU ACTIVIDAD POR LA PAZ DESDE HACE MÁS DE 40 AÑOS, FUSTIGANDO LA HIPOCRESÍA DE OCCIDENTE Y DENUNCIANDO LAS VIOLACIONES DEL DERECHO INTERNACIONAL

RT: ¿Cómo debemos interpretar la acción militar decidida por Donald Trump en Siria el 7 de abril?

Jean Bricmont (JB): Por ahora, parece una operación altamente simbólica, que no va a afectar al desarrollo del conflicto. Para ello se requeriría una verdadera campaña militar contra el ejército sirio, que llevaría ineludiblemente a una muy grave confrontación con Rusia y tal vez incluso el detonante de la III guerra mundial.

Es imposible predecir el curso de los acontecimientos, pero si hemos de creer a las recientes declaraciones de Rex Tillerson, esta suposición es muy poco probable.

Donald Trump es como Alexis Tsipras pero en versión estadounidense: Hace todo lo contrario de aquello para lo que fue elegido y que prometió en campaña.

El presidente estadounidense ha traicionado a sus votantes y ha callado a sus detractores. Muchos de sus seguidores han protestado.

Sin embargo, el ataque es un gesto para la oposición, es decir, para los medios de comunicación, para los ultraconservadores del Partido Republicano y para los neocones del Partido Demócrata, aun a riesgo de irritar a Moscú.

Trump quiere y debe hacer frente a las relaciones de poder, con una oposición a la que apoya un considerable sector mediático, nexo umbilical con Hollywood y todo lo que representa la poderosísima industria del cine.

Hasta hace poco, en universidades y colegios, radios y TV, se criticaba de manera muy vitriólica al presidente. Pero esas voces de difuminan cuando se decide un bombardeo que ha tenido tanto éxito periodístico. Con esa acción militar, todo lo que dijo Trump en campaña se ha perdonado. Ya no es un tipo incorrecto.

RT: ¿Qué reacciones espera usted respecto a este ataque con misiles?

JB: Hay una alineación de posiciones extremadamente reveladora. Donald Trump, considerado desde siempre como un hombre horrible, racista, homófobo, machista e inculto, ha enmudecido a sus críticos.¿Cómo no ver detrás de él lo absurdo del discurso sobre los derechos humanos?

Uno de los ejemplos más elocuentes de esa doble moral es la de la diputada socialista francesa Ségolène Royal, que se cansó de insultar y despreciar a Trump cuando fue elegido. Después de la agresión, parece encantada y aplaude la intervención militar en Siria. ¿No es cómico?.

Para mí, esto es un síntoma clarísimo de la decadencia de Occidente: se acabó el pensamiento, murió la reflexión y la honestidad, el respeto a las leyes internacionales.

Pero no creo que este bombardeo vaya a cambiar el escenario actual. Trump afirma que ha castigado a Bashar Al Assad, asesinando a unos cuantos militares y civiles, entre ellos niños.

Esto no tiene ningún sentido: por un lado, la indignación global por las estúpidas frases del mandatario y, por el otro, los aplausos a un bombardeo ilegal alegando el ataque químico, de cuya autoría no existe ni una sola prueba.

RT: En el plano internacional ¿ve usted una nueva división o confusión entre la clase política?.

JB: No creo que la división izquierda-derecha haya desaparecido, pero en esa línea divisoria se injerta una fractura transversal entre ambos campos.

Por un lado están los que apoyan la integración europea, la pertenencia a la OTAN, el intervencionismo en la política exterior por parte de Estados Unidos… Por otro lado, los que defienden la soberanía nacional, la Carta de las Naciones Unidas, la no injerencia en asuntos internos y el respeto al Derecho Internacional.

Los dos campos cubren casi todo el espectro político: la reciente intervención de Estados Unidos en Siria nos ofrece un muy buen ejemplo.

Entre los que aplauden el ataque se encuentran los sionistas, los neoconservadores estadounidenses, pero también los islamistas radicales (porque esa agresión podría debilitar al presidente Assad) y una buena parte de la izquierda europea, con la notable excepción de Jean-Luc Mélenchon.

En el segundo campo, la condena viene de naciones como Cuba, Irán, Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Bolivia, Rusia, China, pero también de líderes religiosos, de dirigentes alemanes, franceses, belgas, de la derecha, del centro, de algunos socialistas, comunistas, de organizaciones pacifistas…

No es una caricatura, sino una incómoda realidad que deja al descubierto la hipocresía de la socialdemocracia occidental, que se ha echado en brazos de un presidente al que calificaba de monstruo hace tres meses.

No debemos olvidar que la línea atlantista sigue dominando el mundo. Sin embargo, entre la población, harta de guerras y corrupción, de dramas como el de los refugiados, la reacción contra esta política es cada vez más fuerte.

La idea de que los EE.UU. puedan bombardear cualquier lugar, sin siquiera contar con una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, es cada vez menos popular.

En Bosnia-Herzegovina, en 1995, la intervención de la OTAN bajo los auspicios de los Estados Unidos no tuvo apoyo popular, pero sí mediático. En 2003, en Irak, la invasión estaounidense fue muy criticada, como en 2011 con Libia…

El gobierno de Obama y ahora el de Trump, contando con el beneplácito de la Unión Europea, una vez más, trataron de repetir esa estrategia en Siria, pero está claro que esta vez se han topado con más de un escollo. Rusia no se cruzará de brazos.

(Con información de RT Francia)

 

 

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