La conversión de los principales partidos de izquierda al neoliberalismo, será siempre recordada como su mayor traición.

Las campañas de los candidatos griegos, españoles, franceses, italianos, etc. ilustran perfectamente esta “duplicidad” impensable hace siquiera 50 años.

Lo primero que intentan es tranquilizar a los dueños del mundo: “¡Eh, que no somos tan peligrosos¡”. Claro. No para los empresarios, pero sí para los trabajadores/as.

En España, el PSOE está en caída libre y su brazo “juvenil”, un partido neotrotskista salido de la TV, no cesa de aparentar una radicalidad tan falsa como sus mensajes o su ideología: “Queremos con nosotros a toda la gente, aunque carezcan de ideario”, “Somos socialdemócratas”

En Grecia, el PASOK se ha derrumbado por completo y Syriza ha incumplido todas sus promesas. En el Reino Unido, los laboristas votan las propuestas de Theresa May y a favor del Brexit, que es lo mismo que los llamados ultraderechistas exigen en Holanda, Italia o Alemania.

Realmente nunca creí que la izquierda podría cambiar las cosas, sobre todo cuando se coloca del lado de los agresores en Irak, Afganistán, Libia, Siria o justifican los golpes de estado en Honduras, Paraguay o Ucrania, animando a derribar por la violencia a gobiernos populares como el de Venezuela o la RPDC.

Una izquierda que, salvo puntales excepciones, tolera que se violen todas las normas y leyes internacionales, en nombre del neoliberalismo.

Y para colmo, dice apoyar la lucha antiterrorista de la “coalición internacional”, cuando conoce sobradamente que la dictadura Saudita financia el mayor ejército de mercenarios que haya existido nunca: el ISIS.

Ahora, en estas elecciones francesas de 2017, la izquierda insumisa de Melenchon tendrá que contentarse con haber salido a escena aplaudida por más del 19% del electorado.

La traición de aquellos colectivos que se autoproclaman de “progreso”, frustra esperanzas, asesina ideales, salpica de mierda esa podrida democracia cada año más despreciable.

La izquierda parlamentaria ha colaborado en ese desastre. Que ya no cuenten conmigo. Estoy más que orgulloso de ser antirégimen, porque creo en “el sistema”.

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