La ética no es patrimonio de nadie. Tan invisible virtud mantiene una íntima relación con la moral y ella tampoco ha firmado una exclusiva con corporaciones millonarias, sobre todo si esos grupos proceden del periodismo más hipócrita y manipulador.

DENUNCIAR LA CORRUPCIÓN SÓLO CUANDO CONVIENE NO ES ÉTICO NI CUMPLE LAS NORMAS MÁS ELEMENTALES DEL PERIODISMO. EL SANEDRÍN PRETENDE DAR LECCIONES DE MORAL, MIENTRAS CALLA SOBRE OTROS DELITOS SIMILARES Y JUSTIFICA LA VIOLENCIA PARA DERRIBAR GOBIERNOS

Dicen los filósofos que la Ética encierra en sus “almarios” un conjunto de normas que vienen de lo más íntimo del ser humano, mientras que la moral proviene del exterior; es decir, de la sociedad en su conjunto.

Aristóteles consideraba que el bien solo se obtiene desarrollando la propia esencia, que una acción solo puede ser éticamente correcta, si quien la lleva a cabo fuese una persona virtuosa.

San Agustín decía que “El problema con el hipócrita es su motivación. Él no quiere ser santo; solamente quiere parecer ser santo. Está más preocupado con su reputación que en llegar a ser realmente justo”.

Pontificar, de forma subliminal, acerca de una pretendida honestidad, denunciando la inmoralidad ajena (corrupción galopante) de un sólo sector de la vida política española,  en tanto se defiende o justifica la violencia como método para acabar con gobiernos de otras naciones, no parece una actitud coherente y menos aún, si quien pretende dar lecciones de moral sirve a una empresa que mantiene nexos económicos con monarquías o repúblicas que financian el terrorismo.

¿Puede tener un gramo de credibilidad aquel que evidencia la violación de normas y leyes, en tanto quien abona el salario del vocinglero mantiene relaciones con dictaduras como Qatar y Arabia Saudita, culpables de gravísimos delitos, penalizados en los códigos internacionales, pero inexistentes para el Tribunal de La Haya?

Las lecciones de ética no pueden impartirse alegremente desde un púlpito manchado de sangre inocente (Libia, Siria, Venezuela, Donbass…), aparentando detentar una moral intachable.

No sólo es una manifestación de hipocresía en grado superlativo, sino un insulto a la inteligencia.

A menos que La Secta, esté convencida de que España es un país donde los chorizos abundan tanto como los idiotas e incautos.

Maldita corrupción, maldita manipulación, maldito terrorismo.

 

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