La BBC ha logrado situarse en el primer lugar del Hit Parade de las cadenas especializadas en “fake news” (noticias falsas), aunque convenientemente entregadas por periodistas que, lejos de mostrarse objetivos y racionales, parecen haber enfermado de cólera, crispación y evidente mala fe.

Hace unos días, en uno de los habituales servicios informativos de la TV pública británica, Andrew Marr, uno de los perrodistas más destacados del momento y mejor pagados por la BBC, entrevistaba al diputado y líder laborista Jeremy Corbyn. Sin previo aviso, soltó esta pregunta:

¿Hay alguna circunstancia en la que usted considere que se deba autorizar un ataque nuclear?.

DESDE LA BBC, COMO DESDE LA MAYORÍA DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN, SE ANIMA A LA VIOLENCIA Y EL CAOS.
ANDREW MARR ES UNO DE ESOS FANS DE LA GUERRA ATÓMICA

La demanda define a las claras una enfermedad moral de carácter endémico, que no solo caracteriza al mentado Andrew Marr.

En la BBC y en casi todo el resto de los medios de comunicación británicos, los proveedores de información falsa saltan cada día y cada hora, olvidando que su papel en la cobertura y la promoción de la guerra de George Bush y Tony Blair en Irak, en 2003, supuso una mentira tan brutal que provocó la muerte de más de medio millón de inocentes y la destrucción total de un país.

La cara de Corbyn era un poema. El entrevistador olvidó que el laborista acaba de iniciar su campaña política para convertirse en el próximo primer ministro británico, tras la decisión de la actual inquilina de Downing Street 10, Theresa May, de celebrar elecciones generales anticipadas el próximo 8 de junio.

Corbyn no es un connotado admirador de las confrontaciones bélicas y menos aún de un ataque nuclear, no sólo por propia convicción, sino porque entre sus seguidores abundan los jóvenes pacifistas. Pero Andrew Marr planteó la cuestión a sabiendas de esos datos.

El legado periodístico de este sembrador de falsas noticias y crónicas de exaltación patriótica, anticomunista y partidario de la invasión de Libia y Siria, contiene toda clase de alabanzas a las acciones criminales de la OTAN y del ejército estadounidense.

La caída de Bagdad el 9 de abril de 2003, fue transmitida por este reportero que explotaba de alegría cuando aseguró que “Irak ha sido liberado”.

Si la destrucción de Irak como resultado de esta guerra fue una liberación, resulta sencillo imaginar su tono de voz y expresión facial en el caso de que Al Assad o Maduro fueran asesinados. Periodismo ávido de sangre.

La BBC ha cruzado todos los límites que en algún tiempo respetó, aunque la rabia fuera por dentro. Desde hace unos años, la British Broadcasting Corporation, antaño vigilada de cerca por un Comité de “hombres y mujeres de probada honestidad“, parece ser víctima de otra especie menos proclive al cumplimiento de las normas del periodismo, tal y como se ha puesto de moda en todas las cadenas de ámbito estatal en España, Francia, Italia (salvo RAI-3), Alemania o EEUU. ¡Viva las noticias falsas!

Las principales organizaciones occidentales de medios de comunicación, están jugando cada vez más el papel de un Eco Colectivo en la propaganda de sus respectivos gobiernos.

Los crímenes que perpetra la OTAN son presentados como gestas necesarias para salvaguardar la democracia.

Incluso cuando “los errores” continuados de “los aliados” provocan cientos de víctimas, se apela a “los inevitables daños colaterales” y se pone punto final a la matanza con un “disculpen ustedes la equivocación“.

¿Es que no existe ningún baremo ético en los servicios informativos de la BBC y, por extensión, de todas esas plataformas, para utilizar otro lenguaje y expresiones, cuando mueren inocentes?

¿Es que la postverdad ha sustituido a la realidad palpable? ¿Quiénes deben ser, sino todos nosotros/as, aquellos que exijamos responsabilidades periodísticas ante la continua catarata de noticias falsas? ¿No se dice que el cuarto poder en democracia son los medios de comunicación?

Desde el final de la Segunda Gran Guerra, el periodismo occidental ha venido jugando un rol insidioso, mendaz y subjetivo, en medio de un sangriento drama humano.

El periodismo occidental es hoy defensor y difusor de las mentiras recibidas desde los órganos de poder.

La actual BBC semeja al vocero del ministerio de Defensa, animando a la audiencia a comprender que a la RPDC hay que aplicarla un castigo nuclear.

Que a Rusia y Siria se les debe penalizar porque Damasco no se entrega al expolio de sus riquezas y Moscú está impidiendo el triunfo del ISIS. Que los terroristas son rebeldes que buscan la democracia.

Que Ucrania es un país democrático y Crimea una península robada por el “imperialismo eslavo”.

Que el “régimen bolivariano” de Venezuela es culpable de todos los males que aquejan a la población.

Que Donald Trump fue un personaje peligroso y ridículo, racista e inculto, hasta que decidió bombardear Siria y enviar submarinos y portaviones hacia el norte de Corea.

El problema de los medios de comunicación actuales lo encarnan periodistas como Andrew Marr, ansiosos de victorias, conflictos y batallas interminables en las que, aunque mueran violentamente cientos de miles de personas, podrán lavarse la conciencia hablando de piedad, solidaridad y consuelo, cuando otros miles crucen o mueran en el mar intentando escapar de esas mentiras que provocan su éxodo, dolor y lágrimas.

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