Confieso que tengo miedo. Por ello me he provisto de un fusil Kalashnikov A-47, una pistola Magnum Parabellum 357, dos cuchillos de cocina de esos de cortar jamón como Dios manda, tres navajas de Albacete, una granada de mano que le robé a mi abuelo en 1956, cuarto y mitad de dinamita, un frasco de nitroglicerina, una cimitarra que me regaló mi primera novia árabe y un tirachinas de los tiempos en los que se nos animaba a matar pájaros a pedrada limpia.

LOS ESPAÑOLES DEBEMOS ESTAR PREPARADOS, PORQUE “PODRÍA” ATACARNOS UN HINCHA DEL BETIS

Que nadie me lleve la contraria porque tengo un pronto que no veas… Donald Trump ha tomado las mismas precauciones que yo, pero a lo bestia, porque está acojonado con la República Popular Democrática de Corea. Y eso que allá no hay hinchas del Betis.

Lo que me anima a acariciar mis armas más letales es lo que dice la prensa, la radio y la tele de todo el mundo.

Desde ahí están animando al millonario para que lance todo un arsenal atómico contra Pyongyang, porque resulta que “el régimen norcoreano podría decidir un ataque con misiles, dotados de cabeza nuclear, contra Estados Unidos“.

O sea, como “podría”, aunque no haya sucedido ni haya visos de que acontezca, parece que resulta más práctico abrasar con uranio muy enriquecido a millones de coreanos y arrasar el país, antes de que se atrevan a poner el dedo en el botón rojo.  Por eso yo me he pertrechado de tantas armas.

Cualquier día de estos un hooligan del Betis, de esos de complexión “Chochenágüer”, dispuesto a hostiar a cualquiera que se cruce en su camino, podría emprenderla conmigo mientras estoy tomando un café con leche en un bar de Bilbao o de Barcelona.

Pues toma nota, chaval. Al primer tío que se me acerque a dos metros le meteré un tiro en mitad del escroto, que no lo va a olvidar en su pajolera vida… Así que haré caso a la gente de la radio y la tele y a su mascota Trump.

La mejor prevención es disparar primero y preguntar después. Más vale prevenir.

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