Alguien definió el armario como una jaula de oro para protegerse de las consecuencias de la homofobia.

ANTE UNA FOTOGRAFÍA COMO ESTA SOBRAN LOS COMENTARIOS, SOBRE TODO DESPUÉS DE QUE SIETE DIRECTIVOS DEL BANCO DE SANTANDER HAYAN SIDO IMPUTADOS POR BLANQUEO DE CAPITALES

Claro que vivir en una jaula construida por uno mismo no suele compensar ya que para mucha gente las consecuencias de la auto-negación no suelen ser preferibles a la auto-afirmación y enfrentarse a la negación ajena. Que al fin y al cabo ajena es.

Lo mismo pasa en este país con el socialismo. ¿Cuándo fue la última vez que un representante político nos hablará de las razones para un Estado socialista vasco? Yo no lo recuerdo.

Tampoco recuerdo que desde el academicismo tengan algún interés, que ningún medio de comunicación de masas esté sobre el tema y supongo que en la ETB pese no haberla visto desde hace un par de décadas seguro que no han nombrado el socialismo más allá que para nombrar a los del PSOE que precisamente no son socialistas.

Ninguna figura pública nos habla del socialismo, ningún partido institucional, ningún academicista. ¿Nadie? Pues eso parece. Lo cual resulta muy raro, porque pese a quien le pese, y más de lo que solemos creer, este país está petado de socialistas, comunistas y anarquistas, en un grado bastante superior al de nuestro entorno europeo.

Sin embargo, aquí parece que existiera un manto de invisibilidad que posiblemente responda a dos razones.

Por una parte, que el acceso al gran público está tomado por la burguesía vasca y allá donde no lo esté, son los sustratos de clase media tendente a la socialdemocracia (la otra cara del capitalismo) los que hegemonizan mediáticamente la presencia de la izquierda con un discurso en general usurpador del socialismo que se expresa hasta en el lenguaje.

De la misma manera que el PNV ha intentado trasvasar su falta de independentismo en su diccionario (cambió derecho de autodeterminación por derecho a decidir, estado por estatus, nación por nación foral, independencia por autogobierno).

Llegando a metáforas con tal de no nombrar la independencia de tal calibre como “actualizar el ‘lege zaharra’ (ley antigua) con un nuevo estatus que tenga como base el pacto entre iguales y la concertación en el ámbito político, así como la bilateralidad y las garantías en el ámbito jurídico”.

De otra forma pero en el mismo sentido, la izquierda vasca con tal de no nombrar el socialismo está llegando a límites tales como hablar de un Estado social, un Estado digno, de una economía solidaria o de “vivir bien”.

Claro que aquí pueden ocurrir varias cosas. Que el lenguaje sea reflejo de un proceso socialdemocratizante por lo que no habría ninguna necesidad de dar cuerpo teórico ni discursivo al socialismo vasco.

Que se piense que el socialismo no tiene ninguna prioridad ya que el factor unitario de la izquierda es el progresismo socialdemócrata. Que sea el progresismo socialdemocráta el que en nombre de la unidad haga plegarse al resto bajo sus paradigmas. O que el socialismo vasco esté metido en el armario.

Es probable que sea un poco de todo pero en cualquier caso el factor fundamental es el armario. Es decir, que los y las que verdaderamente son y se sienten socialistas por diversas razones no lo muestren de una manera tal como es.

Y el socialismo como tal quede relegado a un simple lema de pancarta en proceso de desuso o a un supuesto objetivo lejano a trabajar después de haber quemado supuestas etapas previas, algo totalmente anti-dialéctico ya que en cada decisión del ahora mismo se va por un camino o por otro.

Claro que para salir del armario tiene que haber cierta seguridad y cobertura. De nada sirve gritar a los cuatro vientos la palabra socialismo si detrás no existe una construcción teórica y una praxis determinada, si no existe un plan de cara a la lucha de clases con objetivos estratégicos definidos.

El que no exista nada de eso hace quedar por defecto al impotente progresismo (la “mejora” del capitalismo), o en el mejor de los casos una estrategia anti-capitalista que solo será reactiva y reivindicativa a modo de satélite del capitalismo.

Es decir, la ausencia de construcción socialista o en su caso una existencia de pequeños proyectos totalmente fragmentados y casi aislados entre sí sin una dirección aparente.

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