Que todavía haya personal-con-escaño, dispuesto a seguir haciendo el papel de “demócratas”, pidiendo que se traslade el cadáver del criminal Francisco Franco fuera de la Basílica del Valle de los Caídos, sabiendo que, aunque hubiere mayoría favorable a la medida, el gobierno no tenía ninguna obligación de cumplirla, deja en evidencia la inutilidad del parlamento neofranquista, así como de las normas bajo las que se rige esa trama teatral.

Eso fue lo que aconteció hace unas horas en la cámara baja española, para gozo de incautos y de directores de medios, encantados de sacar de nuevo a pasear la presunta pluralidad ideológica en ese hemiciclo, para llenar telediarios y portadas en la prensa escrita, blasonando de antifranquismo o de fidelidad a la desmemoria histórica.

La única solución al problema sería permitir a los familiares de los miles de combatientes republicanos, es decir, de los demócratas que cayeron asesinados, que pudieran identificar y trasladar los cuerpos de sus deudos a un lugar menos repugnante y volar con varias toneladas de dinamita el templo en cuestión.

Pero esa alternativa, jamás la votarían algunas de esas señorías, siempre dispuestas a interpretar papeles de defensores de una democracia… que jamás ha sido tal.

En el parlamento español sigue oliendo a Franco, única figura que sirve a algunos para “aparentar” que son los representantes de la democracia y el “progresismo”.  Patético escenario de doble hedor.

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