Desde que estrenó su aclamado documental “Bowling for Columbine”, Michael Moore no ha dejado de sorprender por su asombrosa facilidad para exponer, con enormes dosis de sarcasmo e ironía, las contradicciones, estafas, censuras, matanzas y lacras de su patria (léase de sus gobiernos) a través de documentales como “Farenheit 9/11”, “Sicko” (que en 2007 revelaría a los estadounidenses “las ventajas” del neoliberalismo europeo, pero la crisis, un año después, en 2008, hundiría al viejo continente) o “Capitalismo, una historia de amor”.

Uno de los más recientes ejemplos de ese cine pervive en “Trumpland’”, rodado durante los días previos a las elecciones presidenciales de 2016, en el que Moore se adentra en Ohio (uno de los estados más republicanos) para intentar abrir los ojos a todos aquellos que se estaban planteando apoyar a Donald Trump y lograr que cambiaran su voto a Hillary Clinton.

Evidentemente, Moore no logró su propósito, pero tuvo el coraje y la valentía de meterse en la boca del lobo, desplegando ingenio en dosis suficientes como para que los/as muy conservadores/as votantes de Trump rieran y sintieran cierto rubor, ante las sorpresas que les preparó el cineasta en el local donde reunió a unos cientos “trumpistas”, mezclados con musulmanes, latinos y afroamericanos.

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