Durante los últimos meses en Venezuela hemos visto, leído y escuchado a dirigentes, artistas, periodistas y toda clase de influencers emitir mensajes de odio e intolerancia muy graves para cualquier sociedad moderna.

¿HACE FALTA RECORDAR QUE QUIEN SIEMBRA VIENTOS RECOGE TEMPESTADES?

Este nuevo flagelo empieza a tomar fuerza y a preocupar a la población que se siente hostigada por los señalamientos, amenazas y humillaciones a las que es sometida por creer en el proceso revolucionario.

Aunque es un tema que ha pasado bajo la mesa, a mi juicio es necesario darle la justa dimensión a este problema social nunca antes visto en Venezuela.

La incitación al odio desde los nuevos medios masivos digitales preocupan no solo a los afectados en Venezuela, sino a los grandes organismos de seguridad del llamado “primer mundo”.

Hemos realizado un seguimiento, y el 14 de julio de 2016 el medio español “El Mundo” publicó una interesante nota titulada “Incitar al odio en las redes sociales puede suponer cárcel de 1 a 4 años”.

Más tarde, en diciembre de ese mismo año Vera Jourová, comisario de justicia de la Unión Europea, afirmó que “de momento solo revisan (las transnacionales de las redes sociales) un 40% los casos de odio registrados en menos de 24 horas. Nos queda mucho trabajo por hacer“.

Asimismo, envió un ultimátum a las empresas Twitter, Facebook, Youtube y Microsoft para que “actuaran con rapidez” y frenaran la incitación al odio promovida desde las redes sociales.

Por otro lado, podemos observar en los grandes medios de información que el aumento de la discriminación y la violencia es “motivo de preocupación” para la ONU.

El ex ministro portugués y secretario general de esta organización, Antonio Guterres, manifestó el 21 de marzo de 2017 que “con demasiada frecuencia, el discurso del odio, los estereotipos y la estigmatización se están normalizando”.

De igual manera, Guterres hizo énfasis en que la lucha contra la intolerancia y la discriminación es una responsabilidad individual e invitó al mundo a unirse a la campaña “Juntos por respeto, seguridad y dignidad para todos“.

La historia de la incitación al odio ha sido sangrienta, veamos algunos casos emblemáticos:

El 10 de noviembre de 1933, Adolfo Hitler pronunció en Berlín un histórico discurso. En ese mensaje Hitler invocó a la furia, el hambre, y condenó el Tratado de Versalles que asfixiaba al pueblo alemán.

Eligió el momento y las palabras correctas para que un pueblo cansado y con limitaciones económicas creyera en que los ayudaría a renacer como una gran nación.

Hitler se aprovechó del discurso de odio y creó un enemigo común, un gran peligro para la nación: los judíos. Lo que vino luego ya lo sabemos y es conocido como la Segunda Guerra Mundial y el holocausto judío.

El intento de exterminio de la población Tutsi por parte del gobierno Hutu de Ruanda en 1994, año en el que se eliminó al 75% de los Tutsis.

Los discursos de odio fueron un gran arma de propaganda contra los Tutsis. Un ejemplo de este nefasto papel jugado por las radios ruandesas, es el caso de la emisora radial RTLM (Radio Televisión Libre de las Mil Colinas), que contó con una amplia aceptación en la población y estaba dirigida por las facciones Hutus más extremas.

En el interior del país, los medios de comunicación, y especialmente la radio, jugaron un papel determinante en el inicio y el desarrollo del genocidio de Ruanda.

Como consecuencia de la propaganda de odio, el conflicto entre Hutu y Tutsis se trasladó a Burundi, cayendo en una larga y sangrienta guerra civil que asoló ese país entre 1993 y 2005.

LEER ARTÍCULO ORIGINAL Y COMPLETO

Anuncios