Cuando todavía la dictadura franquista daba sus últimos estertores, eran escasos los profesionales de la radio, la televisión y la prensa que osaban provocar al régimen. No eran muchos los atrevidos, pero miles los siervos mediáticos que miraban con malos ojos cualquier atisbo de rebeldía.

En aquellos tiempos  del T.O.P. (Tribunal de Orden Público, padre de la Audiencia Nazional), hubo pocos/as valientes en el periodismo nacional que se arriesgaran a pagar multas, pasar por el calabozo o ser sancionado de empleo y sueldo, por publicar o pronunciar comentarios hirientes, irónicos o con doble sentido hacia figurines o emblemas patrios.

Pero lo hacían en serio, sin importarles los riesgos, asumiendo las amenazas.

Cuarenta y dos años después de la muerte del dictador, hay quienes creen dejar clara una militancia “progresista” (más que invisible), soltando una vez cada cinco años presuntos vejámenes contra espantosos monumentos franquistas como el Valle de los Caídos.

Lo penoso radica en que, para “defenderse” de un supuesto castigo (el archivo de las diligencias judiciales es seguro), alegan que el comentario de los dos personajes de la foto sobre la mierda del Valle mentado “era una broma“.

No cabe mayor miseria y mayor cobardía.

Todavía, afortunadamente, hay profesionales que sabiendo exhibir dignidad y coraje, gritan, alto y claro, muy en serio: “Franco fue un asesino y el Valle de los Caídos es una ofensa a todas las víctimas de la dictadura. Mucho más que una mierda“.

Y lo dicen muy en serio.

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