Al igual que en España, donde es sana costumbre que los espectadores de las finales futbolísticas piten y abucheen a la marcha de granaderos, que devino en himno monárquico desde 1770, a los Borbones y primeros ministros, en Francia sucedió algo parecido cuando Emmanuel Macron apareció en el terreno de juego del Stade de France.

Una multitud arremetió contra la presencia del ex banquero y sucesor de Hollande, dedicándole toda clase de insultos, pitos y consignas, que arreciaron cuando el presidente estrechaba la manos la mano de los jugadores, mientras desde los altavoces intentaban paliar las protestas elevando el volumen del locutor que animaba la final.

 

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