En México D.F, el área de Santa Fé, en Cuajimalpa, se convirtió desde hace tiempo en una de las zonas más exclusivas, y a la vez, en un insólito mirador para comprender la abismal diferencia entre ricos y pobres.

La gente más acaudalada se ha refugiado detrás de las barrancas y, con ayudas e incentivos del municipio, ha construido inmensos muros para evitar mezclarse visual y físicamente con las zonas más populares y humildes que rodean la región.

Parece mentira, pero las estructuras montadas en esta área recuerdan a los campos de exterminio nazis: barreras de hormigón con púas que cortan calles y que fueron específicamente edificadas para excluir de los ‘beneficios del desarrollo’ a los habitantes más pobres.

Un muro de la desvergüenza del que no se habla en los medios hegemónicos, como los que existen en Argentina, Brasil, Perú, Colombia, etc.

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