El proyecto pedagógico de la generación del 900

José Martí y la educación para Nuestra América:

El pensamiento martiniano es poseedor de un carácter revolucionario. Su obra está caracterizada por el humanismo práctico enriquecido y elevado con una proyección liberadora –impresa en su concepción de la educación-. Su pensamiento podría calificarse de abierto, integrador y didáctico.

José Martí tomaba a la naturaleza como fuente de inspiración y de conocimiento. Los modos en que reflejó el carácter de la época que le tocó vivir influyeron de forma directa y decisiva en la configuración de una concepción sobre el proceso de formación del hombre.

“Educar es depositar en cada hombre toda la obra humana que lo ha antecedido, es hacer a cada hombre resumen del mundo viviente, hasta el día en que vive: es ponerlo al nivel de su tiempo, para que flote sobre él y no dejarlo debajo de su tiempo, con lo que no podrá salir a flote; es preparar al hombre para la vida” (Martí, 1953, t. XXIII: 278)

O sea, asumió la educación como un proceso de transmisión de experiencia histórico-social de unas generaciones a otras, hasta que el hombre sea “resumen” de todo lo más significativo de la cultura que le antecedió y pueda estar al nivel de la actual, o de lo que es novedad en cada época, para asimilarla y contribuir con su talento y esfuerzo a su transformación y engrandecimiento.

Defiende el practicismo como alternativa pedagógica ante la educación memorista y enciclopedista. Plantea la unidad entre lo práctico y lo trascendental como polos no contradictorios.

Demandó que la formación del hombre concordase con su país natal. Educar desde y para la identidad se presenta como alternativa liberadora ante los peligros que acechan el continente.

La concepción de la educación en la obra de martí posee una lógica interna que se integra en un núcleo vital: la educación como preparación del hombre para la vida. Esta preparación se manifiesta a través de un conjunto de líneas directrices que responden a un fundamento histórico-lógico a escala continental.

¿Qué es el conocimiento para Martí?

“Conocer es resolver. Conocer el país y gobernarlo conforme al conocimiento es el único modo de librarlo de tiranías. La universidad europea ha de ceder a la universidad americana.” (Martí, 1938:84)

Martí pone el programa en el camino principal: la unión continental. Es decir, priorizar y jerarquizar una acción donde la educación sea liberadora y no reproductora de mecanismos de perpetuación de subordinación cultural.

Manuel Ugarte: educar para consolidar la identidad nacional

En su obra “El porvenir de la América española” se observan las dimensiones constitutivas de su pensamiento político continental, canalizadas a través de una variable principal conformada por el problema de la cuestión nacional y por tres variables dependientes: la cuestión social, la cuestión económica y la cuestión cultural.

Ugarte propone la armonización de los planes de educación de los países de América latina priorizando en ellos los rasgos comunes acerca de la unidad cultural.

Núcleo movilizador de su concepción: (…) la patria seguirá siendo en este sentido un instrumento de independencia y una condición indispensable para el desarrollo integral del hombre.

El nacionalismo de Ugarte era implícitamente democrático.

¿Sobre qué bases culturales se debe señalar un proyecto educativo en América Latina?

Bastaría reunir los fragmentos de la raza y sacar a la luz las raíces de nacionalidad, para ofrecer al conjunto la bandera lógica, el ideal tangible y la seguridad en las propias fuerzas que necesita un pueblo para afianzar sus destinos (…) (249-250).

Ugarte no se limita a la mera crítica sino que avanza sobre un programa pedagógico. Plantea claramente cuáles son las herramientas alternativas al sistema del positivismo en la educación:

– Dar volumen a la personalidad humana en sus tres aspectos: mediante una educación física, una educación intelectual y una educación moral.

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