La política española tiene estos días un sabor a pasta italiana, aunque algunos de los mentores de la receta digan que su aroma es portugués.

LA SOCIALDEMOCRACIA ES TAN REPUGNANTE, CORRUPTA Y MENDAZ, COMO EL PARTIDO POPULAR

Lo único que choca de ambos ejemplos es que España aún no es republicana, aunque la pizza Margarita ostente un claro origen monárquico y el incomparable pescado a la parrilla de nuestros vecinos del oeste, también desprenda un cierto olor a reyezuelo.

Pero dejemos la cocina, aunque sepamos que lo que se está guisando en el horno de los “progres”, más que efluvios agradables, exhale hedores repelentes.

En el país de Berlusconi y la Grappa, tras la desaparición de los principales partidos históricos (la Democracia Cristiana, el Comunista y el Socialista), que habían marcado la reciente historia de la República, el juego político comenzó a decantarse hacia la bipolaridad, con la entrada en el campo de una coalición de derecha y otra de centro izquierda (los progres), que trataron de remedar a republicanos y demócratas estadounidenses.

Desde hace unos años, elementos de parecido pelaje en el reino borbónico vienen pergeñando la idea de formar una masa, no muy compacta, sino dúctil y maleable, con la que intentar derribar al Partido Pringado, aunque las Zejas también contengan la caspa de la mentira y la corrupción.

El Olivo italiano, formado por el Renacimiento Socialista, los inevitables Verdes y el PDS (Partito Democrático della Sinistra), se produce en 1994 teniendo como figura al centrista Romano Prodi, un economista y ex presidente de la República de claro origen neoliberal, que la nueva formación eligió por aquello de alejarse de la izquierda tradicional, pero que en 1996 logró el apoyo de algunos comunistas.

Así, por primera vez en la historia de Italia se crea un bloque en el que conviven, bajo el común denominador del mercado libre, los socialistas, los democristianos de izquierda, liberales, neocomunistas y ecologistas, que sobrevivió hasta las elecciones de 2006.

Era lógico que, desde el invisible pero enorme Partido Desencantado (millones de personas que se negaban a votar), surgiera el Movimiento Cinco Estrellas, conducido por el actor Beppe Grillo (apoyado por el premio Nobel de Literatura, Darío Fo) que con todo el espectro mediático en su contra, obtuvo su legitimación popular en 2007, con más de 1.300.000 firmas.

En España, hacia 2011, estaba a punto de gestarse, con la participación de una potente empresa mediática, un amplio sector del PSOE y de varios dirigentes de Izquierda Unida y el PCE, la salida a la plaza del Club de Fans de Pablito.

Seis años más tarde, la idea de un “Olvido” surge desde los predios de “ACTÚA”, una organización de intelectuales y políticos que se autodefinen como “de izquierda”, llamando a PSOE y a la Secta Trotskista a unir sus esfuerzos contra Mariano Rajoy.

Una camarilla que ha olvidado voluntariamente las gestas de los combatientes republicanos en territorio español, de los pueblos heroicos de la URSS que derrotaron al nazismo, de Cuba, Venezuela, Bolivia, Corea, Vietnam, Ecuador, Nicaragua…

¿A qué izquierda representan nombres como el del juez Baltasar Garzón (que negaba las torturas en la Audiencia Nazional), de la submarinista Cristina Almeida (hoy tan comunista como Esperanza Aguirre), de Gaspar Llamazares y José Antonio Martín Pallín, entre otros?

Su llamada de socorro, es el mensaje del naúfrago voluntario lanzado en una botella, para que llegue a los puertos donde recalan los submarinos y los acorazados de la OTAN.

Comprendo perfectamente que esta “izquierda desmemoriada”, aquella que abandonó luchas y protestas contra las guerras para enlodarse en la chaisse-longue socialdemócrata, justificando y luego olvidando las masacres en Yugoslavia y Libia, los golpes de estado en Paraguay y Honduras, el terrorismo en Siria y la bendición del golpe de estado en Ucrania, quiera hoy derribar a Mariano, porque para “ACTÚA” no es lo mismo que el centrista Pedro Sánchez cometa tropelías, que lo haga un pepero como Rajoy.

Como decía aquella despistada: “A mí sólo me pega mi marido”. Y ahora, cada mochuelo, a su olvido.

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