En estas fechas, cuando un neoliberal como Carles Puigdemont, junto a sus socios de ERC y la CUP (colectivo tan independentista como trotskista) anuncia que, pese a la Constitución española y las normas que impiden la consulta soberanista, ésta tendría lugar tras el largo y cálido verano que se avecina, las cabezas dirigentes de los partidos representados en el Parlamento borbónico se apresuran a “marcar paquete”, con la misma prisa que un león micciona en un territorio que cree propio, para que el resto de los felinos se acojone un pelín.

ANTE TANTO DESCARO SOBRE SUPUESTAS DESAVENENCIAS INTERNAS EN EL CLUB DE FANS DE PABLITO, SOLO CABE SEÑALAR LA CONVENIENCIA DE INTERPRETAR UNA GUERRA INEXISTENTE

Algo así sucede en el Club de Fans de Pablito, en el que socialdemócratas como Miguel Urbán y Teresita De Kichi, han osado pisar una supuesta zona prohibida, defendiendo el derecho a organizar el referendo catalán, a sabiendas de que, tanto Izquierda Unida, asistenta por horas del Club, como algunas cabezas rectoras del colectivo mediático, aplican a su ideología el bálsamo de la desmemoria, para afirmar, una y  mil veces, que “donde dije Digo, digo Diego”.

La supuesta disidencia entre hermanos de plasma (los mentados suelen ocupar la pantalla de La Secta, La Cuatro y Antena-3 todos los días de la semana, aunque no haya noticia alguna que lo justifique), resulta tan falsa como la honestidad de los miembros del Tribunal Constitucional, que “anularon la amnistía fiscal del ministro Montoro” (permitiendo que cientos de delincuentes no pasaran por el banquillo, acusados de varios delitos de estafa y evasión) a sabiendas de que esa sentencia no afectaría en lo absoluto a los ya amnistiados.

Una forma como otra cualquiera de aceptar una barrabasada jurídica, pero “muy democrática”, para 4 años después de aplicado el perdón gubernamental, aparentar ante el pueblo (que jamás es soberano bajo este régimen) que el TC es un organismo que defiende la legalidad y castiga al malhechor.

Y una mierda, señores/as magistrados. Se les ha visto el plumero, las bragas y el calzón, pero no las vergüenzas, por obvios motivos. No las ostentan.

En pura lógica democrática, un político “extranjero” no debería practicar la injerencia en asuntos internos de una nación que aspira a convertirse en estado independiente.

Hace muchos años que, ante los rumores de un posible referendo, manifesté mi comprensión ante el anhelo soberanista, puntualizando que ese tema era asunto del pueblo catalán y no mío, aunque esa República pasara a formar parte del equipo neoliberal, pro-estadounidense, pro-europeo, partidario del euro, del terrorismo “rebelde” en Libia, en Siria, defensor de los golpes de estado en Paraguay, Honduras o Ucrania, además de enemigo directo de los gobiernos de Cuba y Venezuela, como Francia, Alemania, España, Italia, Bélgica, Montenegro o Letonia.

No me extraña que todo ello les encante y apasione a panfletarios como Urbán y Teresita, distinguidos por los mismos odios y amores que la CUP, Esquerra Republicana y Puigdemont.

Solo les falta, como a los kurdos, dejarse de garambainas y enarbolar la bandera de EEUU en lugar de la Senyera. En el fondo, Urbán y De Kichi son como Obama y Hillary Clinton.

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