El apabullante y descarado apoyo mediático al partido del presidente francés Emmanuel Macron, puesto en marcha tras el invento pergeñado entre François Hollande y su delfín Manuel Valls para crear La República en Marcha, logró derribar el arco político hasta el punto de rebajar al Partido Socialista a niveles cercanos al extraparlamentarismo.

Tras los resultados de la primera vuelta de las elecciones legislativas del 11 de junio, es innegable que de 47 millones de posibles participantes, votó menos del 49%, porcentaje del que Macron recibió siete millones y medio de sufragios.

Todas las encuestas de opinión predicen un nuevo récord de abstención para la segunda ronda de hoy domingo 18 de junio.

El debate sobre las causas y consecuencias de esta baja participación ha generado grandes preocupaciones en Francia y plantea cuestiones sobre la legitimidad de la futura Asamblea Nacional.

El 11 de junio, más de uno de cada dos votantes se quedó en casa, lo que condujo a la menor participación habida en la primera vuelta de las elecciones legislativas, en toda la historia de la V República.

Recordemos que, según el Ministerio del Interior, la tasa de abstención fue de 51,29 por ciento, 8 puntos porcentuales más que en 2012 (42,8 por ciento) y 29 puntos porcentuales más que la primera vuelta de las elecciones presidenciales (22,2 por ciento).

Los sondeos de opinión están pronosticando un nuevo récord de abstención para hoy 18 de junio, tras lo cual la Asamblea Nacional, conformada por 577 escaños, no ostentaría una clara legitimidad popular, base de la democracia representativa.

Según una encuesta de la empresa Odoxa, publicada el viernes 16 de junio, nada menos que el 53 por ciento de los votantes potenciales planea no acudir a las urnas.

Si la victoria de La República en Marcha en la primera vuelta fue presentada en los medios como un tsunami político, debemos insistir en que la verdadera triunfadora de las legislativas sigue siendo la indiferencia y el desprecio al régimen.

¿Cómo puede legitimarse una “apisonadora” (las encuestas otorgan a LREM entre 350 y 375 escaños), cuyo soporte son 7 millones y medio de votos, cuando son 47 millones los llamados a participar?

Mecánicamente, esta impresionante abstención favorece a Macron, cuya base está más movilizada, pero el otro lado de la moneda es encontrarse con una Asamblea Nacional que no representa, en lo absoluto, las inquietudes de la población.

Desde la reforma electoral de 2001, situando las dos rondas legislativas inmediatamente después de las presidenciales, el nivel de abstención durante los comicios parlamentarios no sólo ha aumentado, sino que ha dado un vuelco a todo el arco político.

Los expertos hablan de un “cansancio democrático” entre los votantes, junto a la imparable decepción que genera la clase política, hoy bajo sospecha, por los escándalos de corrupción aireados en los últimos meses, además de las graves consecuencias de una reforma laboral “construida para derribar los intereses de los trabajadores“.

El 27 por ciento de los abstencionistas afirmaron que “no irían a votar porque piensan que las elecciones están arregladas de antemano y que todo está montado para que triunfe el movimiento de Macron“, en alusión directa a la descarada promoción  que las TV públicas y privadas han mostrado hacia el ex banquero, desde que Hollande le señalara como su candidato.

Un 24% aseguran que “no se identifican con ninguno de los programas y personalidades de los candidatos”, en tanto un 60% de la ciudadanía opina que una mayoría absoluta para el LREM en la Asamblea Nacional es lo peor que podría sucederle al “régimen democrático”.

Los 39 millones y medio de franceses/as que no son votantes pro-Macron están aturdidos, argumentó la doctora en ciencia política Virginie Martin, quien imparte clases en la Kedge Business School.

Y añade con cierto énfasis irónico: “En estas condiciones, resulta lógico cuestionarse la legitimidad de estas elecciones”.

Por su parte, Christian Delporte, experto y especialista en historia política, sentencia: “No puede admitirse que un partido como LREM, que representa al 15% del cuerpo electoral, detente el 75% de los escaños de la Asamblea Nacional”.

La debacle de esta llamada “democracia” la encarna una abstención superior al 50%, que constata la creciente decepción de la sociedad, ante una maquinaria diseñada para que, con la colaboración de los medios periodísticos y la más que discutible normativa en el reparto de escaños, la victoria política se coloque del lado de “los de siempre”.

Que en la Asamblea Nacional exista una mayoría absoluta de escaños para LREM, consumará la defunción de la democracia francesa.

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