Una de las cosas más deprimentes acerca de la decisión del presidente Donald Trump de revertir elementos de la apertura de Cuba, es lo previsible que era.

ANTICUBANOS REUNIDOS, SERÁN SIEMPRE VENCIDOS

Un candidato republicano a la presidencia, hace promesas de campaña de última hora a un público cubano-americano de línea dura en el sur de la Florida. El senador Marco Rubio y el congresista Mario Díaz-Balart mantienen esas promesas.

El gobierno de los Estados Unidos anuncia cambios que dañarán a los cubanos de a pié, como la imagen de Estados Unidos y harán que sea más difícil para los estadounidenses hacer negocios y viajar a algún lugar de la isla.

Mientras que el presidente Obama levantó cierta esperanza con una apertura anticipada en relaciones diplomáticas, comerciales, culturales y turísticas, el presidente Trump está retrasando el reloj hacia una época de guerra fría, para regresar a una era de restricciones en todas esas actividades.

Si bien no se trata de una revocación total de la apertura de Obama, las advertencias de Trump han colocado las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, de nuevo, en la prisión del pasado – entendiendo las perspectivas de reforma dentro de Cuba e ignorando las voces del pueblo cubano y de una mayoría de los estadounidenses, sólo para que Trump recompense a un pequeño y menguante electorado político.

No tenía que ser de esta manera, y no quedará de esta manera.

En otoño de 2014, después de 16 meses de negociaciones secretas, viajé al Vaticano para decirle a los representantes del Papa Francisco que Estados Unidos y Cuba estaban preparados para comenzar a normalizar sus relaciones.

Los diplomáticos del Vaticano se reunieron por separado con las delegaciones de Estados Unidos y Cuba, para verificar que estábamos diciendo la verdad.

Entonces nos reunimos todos y leímos en voz alta los pasos que estábamos dispuestos a tomar. Un cardenal afirmó que el mundo se conmovería por este ejemplo, de cómo antiguos adversarios dejan a un lado el pasado.

Un funcionario del Vaticano, que había vivido en Cuba, tenía lágrimas en los ojos y una mirada de profundo recuerdo en su rostro.

Cuba ha desempeñado durante mucho tiempo un gran papel en todo el mundo. Para los estadounidenses, ha sido el escenario de la derrota de la Mafia, la tierra de Fidel y Raúl, de la Guerra Fría, de los intentos de magnicidio y del conflicto ideológico, mezclados con el atractivo de una cultura que encuentra plena expresión en Miami.

Para América Latina, Cuba ha sido un símbolo de cómo Estados Unidos intenta dictar la política del hemisferio – un legado de democracia y progreso económico- así como golpes de Estado y escuadrones de la muerte.

Para el mundo en vías de desarrollo, Cuba ha sido un símbolo de soberanía y resistencia y un bastión de la revolución, para bien o para mal. De la crisis de los misiles al movimiento anti-apartheid. Desde la era Kennedy hasta la era Obama, esta pequeña isla se ha situado en el centro de los acontecimientos mundiales.

NOTA DEL ADMINISTRADOR.- Ben Rhodes fue asesor adjunto de seguridad nacional en el gobierno de Barack Obama y dirigió las negociaciones para normalizar las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Pese a las diferencias que criterio que podamos mantener con este ex funcionario, no deja de ser muy interesante y oportuno su punto de vista.

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