Las antiguas relaciones fraternales entre Israel y los kurdos nunca estuvieron en peligro y su solidez volvió a aflorar en 1991, después de la invasión de Kuwait por parte de Irak, durante el operativo de EE.UU. y la coalición internacional.

EL PUEBLO KURDO COMBATE POR LAS MISMAS IDEAS QUE ISRAEL Y EE.UU.

Como es sabido, a partir de la activación del operativo “Tormenta en el desierto”, Occidente y su maquinaria militar promovieron toda clase de levantamientos contra el gobierno de Bagdad en las zonas chiítas, en el sur del país y en el norte kurdo, tal y como años más tarde se organizaría en Libia y desde 2011 en Siria.

Las organizaciones sionistas iniciaron entonces una intensa campaña por todo el mundo, en especial ante el gobierno de EE.UU., reclamando ayuda para los kurdos de Irak y, al mismo tiempo, una poderosa propaganda y acciones lobbísticas para ejercer presión sobre Bagdad.

Una campaña que en España apoya el colectivo abertzale vasco, siempre escorado hacia los designios de Tel Aviv y Washington.

Israel mostró su simpatía por los kurdos desde 1948, organizando la provisión de medicamentos, artículos de primera necesidad, ropas y tiendas de campaña a través de la frontera turco-iraquí. En muchos aspectos, la mencionada campaña había sido organizada por la comunidad judía kurda de Israel.

Esta llegó a organizar una manifestación ante la residencia del primer ministro Shamir en Jerusalén, durante su entrevista con el entonces secretario de Estado James Baker, para reclamar que el gobierno de EE.UU. defendiera a los kurdos de la presunta opresión de Sadam Hussein.

LA POLICÍA NACIONAL ESPAÑOLA LLEVA ALGUNOS AÑOS DETENIENDO A PRESUNTOS “MIEMBROS DEL APARATO MILITAR DEL PARTIDO DE LOS TRABAJADORES DEL KURDISTÁN” POR ÓRDENES DEL GOBIERNO TURCO.

Sin embargo, la actitud de Israel hacia los kurdos dependía en muchos aspectos del nivel de cooperación turco-israelí, tal como señalaba Benjamin Netanyahu en mayo de 1997:

“Turquía padece los ataques terroristas del PKK, y nosotros no vemos ninguna diferencia entre el terrorismo del PKK y el que está enfrentando Israel”.

De todas formas, queda absolutamente claro que la creación de la autonomía kurda en el norte de Irak, después de la guerra de 2003 y del genocidio perpetrado por las tropas estadounidenses y sus aliados europeos, se inició una nueva etapa en las relaciones de Tel-Aviv con los kurdos, quienes colaboraron con las estructuras militares israelíes, pese a las advertencias de Irán y otros estados árabes.

Las relaciones entre Israel y los kurdos siempre han sido un elemento importante en la política del estado judío en Oriente Medio y un medio fructífero para ejercer presión sobre Irán, Irak, Turquía, Libia y Siria e impedir su participación activa en la contienda árabe-israelí.

La cercanía histórico-cultural de kurdos y judíos favoreció las estrechas relaciones entre ambas poblaciones, condicionadas por la presencia de una comunidad judía muy fuerte y numerosa en Irak, que conserva su identidad y en muchos aspectos determinan la política de Israel con respecto a ese masacrado país (junto a Libia y Siria), Turquía e Irán.

La cooperación de Israel con los kurdos se ha convertido en un factor determinante en la región, al que algunos llaman “el segundo Israel en la zona“, promovido desde Washington para además dividir Irak en dos naciones.

Finalmente, señalemos al respecto que otro potencial amigo de los kurdos es la dictadura de Arabia Saudita, que ya ha mostrado su apoyo al referéndum exigido en Irak, porque así serían capaces de contener tanto a Irán, como a Turquía.

Guevorg Mirzayán, analista político ruso, lo indica con claridad meridiana:

“Un Kurdistán iraquí independiente, aunque obediente a las órdenes de EEUU, es una excelente barrera para contener a todas las fuerzas regionales. Por lo tanto, los estadounidenses apoyarían ese plan con tanto con dinero, como con garantías de seguridad”.

(con información de Sputnik y

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