Le querían matar los iguales, porque era diferente“. Cuando Juan Ramón Jiménez, con su habitual sorna, pronunció esta frase, estaba aún lejos de imaginar que el aserto se aplicaría, muchos años después y con carácter de exclusividad, a quienes optan, con toda naturalidad, a elegir un placer emocional y carnal distinto a la heterosexualidad.

DESPUÉS DE 100 AÑOS TODAVÍA NOS REPRIMEN, NOS VETAN, NOS INSULTAN, NOS AGREDEN, NOS MATAN, PORQUE SOMOS DIFERENTES Y LUCHAMOS POR EL DERECHO A LA IGUALDAD Y LA SOLIDARIDAD EN UN MUNDO MÁS JUSTO

Lo malo del caso es que hay infinidad de profesionales de la hipocresía que, simulando poner picas en Flandes sobre esa libertad individual, tratan de aparentar un progresismo y una tolerancia que ocultan una miseria moral tan despreciable como la que intentan denunciar.

Solo hay que escucharles hablar de quienes no han elegido el neoliberalismo como opción de  vida, sus mentiras y manipulaciones sobre el socialismo, el comunismo, el anarquismo, el antifascismo con todas sus consecuencias, para desvelar el grado de falsedad y fariseismo que despliegan en cada noticia referida a Cuba, Venezuela, Ecuador o Bolivia.

Estos presuntos paladines de la diversidad sexual, niegan la diferencia ideológica, intentando derribar sistemas políticos diferentes a los que hoy “desigualan” a millones de seres.

Nada más falso y rastrero que ponerse el disfraz del progresista de salón, alabando las paradas y orgullos de miles de personas que rechazan el mito del tándem chico-chica, pero colaborando mediáticamente con quienes asesinan, queman, arrasan y atentan en Caracas, Táchira o Chacao.

Para ellos y ellas, es intolerable la heterodoxia política: hay que acabar con quienes no aceptan otro placer vital que los regímenes neoliberales. Nosotros/as no tenemos derecho a la diversidad.

Los socialistas, comunistas, anarquistas, antifascistas, estamos condenados desde hace más de 100 años, pero nuestro orgullo no necesita promoción en las cadenas servidoras del ISIS, la OTAN, los golpes de estado, la violencia y la conculcación de los derechos humanos.

Somos diferentes y por eso, todavía, nos quieren matar “los iguales”. Pero no pasarán.

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