Hay países entre los cuales el devenir de la historia acaba tejiendo lazos más hondos y más duraderos que los de la diplomacia. El caso de Cuba y la Unión Soviética es, en este sentido, paradigmático.

Mucho ha llovido desde la desaparición de la URSS, pero en la isla sigue habiendo cubanos y ex soviéticos, entre los que esa relación tiene la impronta de lo cordial, de lo entrañable, de lo que no se marchita, por mucho que uno viva y al margen del curso que tome el mundo.

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