Como dijo Martin Luther King: “I Have a Dream” (“Tengo un sueño”). Estoy seguro de que a más de un ser racional le gustaría conmemorar 100 aniversarios de la caída de una bomba atómica sobre… Nueva York, por ejemplo.

Recuerdo cuando el compositor alemán Karlheinz Stockhausen, tras el ataque contra las Torres Gemelas, dijo: “Lo que ha pasado es la mayor obra de arte de todos los tiempos“.

Tal declaración le valió las iras de varios intelectuales y políticos, aunque el silencioso aplauso de muchas más personas en medio mundo; naturalmente, el artista explicó días más tarde en Internet lo que “quiso decir” con aquella frase y el agua volvió a su cauce.

Stockhausen adujo que esas palabras reproducía parte de la tradición cristiana, que vía Shakespeare dice que  “la mayor obra de arte de Lucifer, el ángel caído, encarna la destrucción”. 

Y precisó: “A lo largo de la historia muchos artistas han explorado la estética de la muerte y la destrucción. Leonardo da Vinci dedicó gran parte de su tiempo a proyectar nuevas armas y Walter Benjamin afirmaba que no existe civilización que no sea también expresión de la barbarie’

Estoy de acuerdo. Los gobiernos de EEUU llevan realizando “obras de arte terrorífico” desde hace más de 200 años. Ya es hora de que les regalen una. De ilusión también se vive.

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