Category: MÚSICA



EN 1970, ELVIS SE OFRECIÓ COMO SOPLÓN AL ENTONCES PRESIDENTE RICHARD NIXON, PARA DELATAR A LOS ROCKEROS DROGADICTOS

Este 16 de agosto se cumplen 40 años de la muerte de Elvis Presley, un mito musical para cualquier rockero blandiblú, que los hay y muchos.

En Graceland, la que fuera mansión del divo, se reunirán miles de fans ataviados como acostumbraba “La Pelvis” a partir de 1962, celebrando una ceremonia tan patética como cateta hasta decir basta.

Sólo los paletos cum laude son capaces de un carnaval al que no acuden amantes del rock and roll, sino aquellos/as que jamás conocieron el Teatro Chino de Manolita Chén, dicho sea con todo el respeto que merecía la inolvidable vedette madrileña.

ELVIS PRESLEY, SIN LA MENOR DUDA, HUBIERA SIDO UN ARTISTA IDEAL PARA EL TEATRO CHINO DE LA GRAN MANOLITA CHEN

Bienvenido el homenaje anual, el recuerdo a la figura (discutible, como todas) del “fenómeno” de Tupelo, pero… ¡vade retro¡ a los integristas de la lentejuela y la quincalla, el oropel y la bisutería, o sea, los carcamales con cara de jugadores de casino de Las Vegas, que no hacen otra cosa que hundir lo poco que de auténtico tuvo el infortunado fachoso, protagonista de una docena de aberrantes películas, de las que se salvan únicamente “Jailhouse Rock” y “King Creole”, esta última, la mejor sin duda de ambas, dirigida por el astuto Michael Curtiz.

Elvis desaparecía del mundo de los vivos el 16 de Agosto de 1977 a la edad de 42 años, para ocupar de inmediato una lujosa vivienda en el Olimpo de los Elegidos, precisamente por haber pasado al más allá a una temprana edad.

Desde 1956, convertido en una de las figuras más promocionadas de la escena musical,  fue elevado a la categoría de “personaje de obligado conocimiento en la incultura de los EE.UU.”, como Marilyn Monroe o James Dean.

Sin embargo, Elvis no había inventado nada que no existiera previamente. El rock and roll ya había hecho acto de presencia (hacia 1947) en los clubes y cabarets de los guettos donde olvidaba sus penas el personal afroamericano, dado que sus ídolos no lograban colarse en la poderosa televisión, por el mero hecho de ser negros.

EL ROCK AND ROLL, FUE NEGRO Y CONTESTATARIO DESDE SUS COMIENZOS Y SU ÚNICO REY SE LLAMÓ CHUCK BERRY

Y así, genios como Fats Domino, Larry Williams, Chuck Berry o Little Richard tuvieron que soportar que un muchacho blanco, que únicamente gustaba de la música country (el equivalente yanqui a la copla o canción española), fuera considerado el arquetipo de creador del rock and roll, en detrimento no sólo de las auténticas raíces de tal forma de expresión musical, sino de sus más genuinos creadores, incluidos genios de rostro pálido como Jerry Lee Lewis o Eddie Cochran.

El nuevo estilo, popularizado hacia 1956 por el corrupto disc-jockey Alan Freed, obedecía a los verbos to rock y to roll (léase follar o chingar en el slam afroamericano), previamente utilizados en 1939 por Buddy Jones en la canción Rockin’ Rollin’ Mama, continuando por Arthur Big Boy Crudup con el tema Rock me, Mama (1944), por Wild Bill Moore con We’re Gonna Rock, We’re Gonna Roll (1947) y otra serie interminable de canciones e intérpretes que jamás fueron lanzados al estrellato desde las emisoras de radio y televisión: todos ellos tenían la piel de color bastante oscuro.

Los arteros y manipuladores dueños de las cadenas más importantes de radio y televisión, que además disfrutaban como enanos aplaudiendo las medidas que el senador Mac Carthy había emprendido contra todo aquel profesional del cine, la música, la literatura o la meteorología, que fuera sospechoso de simpatizar con el comunismo, gozaban igualmente dejando a los negritos fuera de la pequeña pantalla.

La “supremacía blanca” que hoy mata en Virginia, sigue enquistada en el imperio más criminal del globo.

Preferían que un muchacho paliducho usurpara el trono de un reino próximo a convulsionar el mundo de la música ligera. Si había que enervar sexualmente al personal, mejor blanco y embotellado.

La vestimenta que Elvis lució a partir de 1960 definió su trágico futuro. Parecía elegida entre la más esperpéntica que pudiera hallarse en las tiendas de moda. Las lentejuelas, los grandes cuellos, camisas con inmensas chorreras, hilos de oro, brocados casi taurinos, sustituían a las botas de punta afilada y los pantalones vaqueros.

La compañía RCA Víctor supo imponerle un tolerable aire de joven provocador, con cierto aire chulesco, peinado con aquel inconfundible tupé caído sobre la frente, luciendo una sonrisa mitad autosuficiencia, mitad alma lánguida, para dos años más tarde sufrir una de las transformaciones más patéticas de la pequeña historia de la música popular.

Con el paso de los años, su impostada voz, su meloso registro, se venían abajo y destrozaba con pasión versiones de éxitos de toda procedencia (en directo desafinaba más de una vez y reía de buena gana). Aquella supuesta rebeldía juvenil se agotó cuando aún no había cumplido veinticinco años.

EL PATETISMO Y EL RIDÍCULO ADORNARON A PRESLEY DESDE 1960 HASTA SU MUERTE, EL 16 DE AGOSTO DE 1977

El 21 de diciembre de 1970, Elvis se reunía con el entonces presidente Nixon, a petición del “rockero”, tras haber enviado una carta de seis páginas en la que solicitaba ser recibido en audiencia por el mandatario, al que ofreció sus servicios como “Agente Federal” de la Oficina de Estupefacientes y Drogas Peligrosas.

Tal vez el hecho de verse desplazado desde un mundo joven, vital y rebelde, que vibraba con Beatles y Stones, hasta los salones de lujosos restaurantes y hoteles de las Vegas, le condujera a una depresión y un “pastilleo” más que comprensible del que, por suerte y desdicha, salió aquella tarde de agosto de 1977.

Una llamada de los Servicios Informativos de RTVE (donde quien firma estas líneas trabajaba desde 1965) interrumpió mi descanso estival. Me invitaban a opinar sobre el luctuoso suceso en el Telediario de la 1ª Cadena, donde dije, exacta y sucintamente, lo que escribo hoy, precisando que en mi opinión, Elvis era un mito de neón.

Ni que decir tiene que los presentadores del informativo pusieron cara de pasmo y me despidieron como quien dice adiós al mismo demonio.

Un amigo recriminó mi varapalo a Elvis recordándome que John Lennon definió como “único” al de Tupelo. Tuve que responderle con un dato incontestable: en el álbum “Rock and Roll” del inolvidable Beatle no figuraba ni un sólo éxito de Presley.

Mi único elogio profesional hacia este miserable personaje consiste en conservar sus primeros singles en vinilo, cuando aún estaba lejos de convertirse en un objeto de culto para quienes, precisamente, no suelen comprender qué es el rock and roll. El resto de su obra no me interesa en lo absoluto.

Y si alguien se ofende por el titular, le sugiero que se rasque. No es amarga la verdad; lo que no tiene es remedio.

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RECUPERAR FUERZAS EN ESTOS TIEMPOS, ES UN DEBER INELUDIBLE PARA CUALQUIER CIUDADANO/A RESPONSABLE… AUNQUE FATIGADO


LA ELECCIÓN DE LA MÚSICA DE STAR WARS PARA ACOMPAÑAR EL FINAL DE UN DISCURSO NO ES TAN INSÓLITA, PORQUE HA SIDO UTILIZADA POR  DONALD TRUMP, THERESA MAY Y OTROS POLÍTICOS DEL MISMO CUÑO

El primer ministro indio Narendra Modi sorprendió al público el pasado día 1º de julio, cuando al final de su discurso sobre la aprobación de un nuevo impuesto, se escuchó la Marcha Imperial de la película Star Wars.

Hay quienes opinan que fue un lamentable error, una broma pesada de los encargados de sonido o una elección deliberada.

El mandatario indio hablaba sobre esa nueva tasa en los locales del Instituto de Contadores Públicos de Nueva Delhi.

Su discurso se centró sobre las ventajas, supuestos beneficios de ese gravamen público, a señalar los servicios a los que se dedicarían las ganancias y a la fecha en la que entraría en vigor la medida, que era precisamente ese 1º de Julio.

Al final de la perorata, Modi bajó del estrado y fue a saludar a las autoridades presentes y a algunas de las personas del público que se hallaban en el local, mientras por los altavoces comenzó a sonar una música con cierto aire marcial.

Después de los primeros compases, los asistentes se dieron cuenta de que aquello que sonaba no era otra cosa que la Marcha Imperial del filme Star Wars (creación del excelente músico John Williams), tema musical que acompaña las apariciones de un personaje maligno, como Darth Vader.

Entre algunas sonrisas cómplices, alguna risa y pasmo generalizado, se ignora si la elección de esa marcha fue un simple error de buena fe o si la música había sido elegida deliberadamente, lo que no sería extraño dado que la Marcha Imperial está asociada con el mal y por tanto sería lógico que rubricara una charla sobre el nuevo impuesto y la corrupción.

Curiosamente, esta no es la primera referencia a Star Wars en la vida política de Narendra Modi. Pocas semanas después de su elección como primer ministro en 2014, pronunció un discurso en Nueva York que finalizó con la frase: “Que la fuerza les acompañe”, palabras más simbólicas de la saga de Star Wars.


Mucho se ha escrito sobre las huellas dejadas por el libro ‘Cien años de soledad‘ y el disco ‘Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band‘, en sus ámbitos de influencias.

“LA ÚNICA NOSTALGIA COMÚN QUE UNO TIENE CON SUS HIJOS SON LAS CANCIONES DE LOS BEATLES” (Gabriel Garcia Márquez)

Pero se ha escrito menos sobre los puntos de coincidencia entre la cuarta novela de Gabriel García Márquez y el octavo disco de estudio de Los Beatles, lanzados ambos hace 50 años por estas fechas.

El 30 de mayo de 1967 la editorial Sudamericana publicó en Buenos Aires ‘Cien años de soledad‘; dos días después, el 1º de junio, salió en el Reino Unido el ‘Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band‘.

La cercanía de sus apariciones apenas sería una coincidencia fortuita si otros detalles, extraños a las atingencias temporales, no atrajeran la atención.

La alusión a la soledad en sus títulos es uno de ellos, la soledad nacida de la falta de amor en la familia Buendía, la soledad como preocupación existencial a la que se le canta en el disco:

“¿Qué es lo que hago cuando mi amor está lejos? ¿Te preocupa estar sólo?  ¿Cómo me siento al final del día? ¿Estás triste porque estás sólo?”

(‘With a little help from my friends‘).

O el aliento surreal de ‘Lucy in the Sky with Diamonds‘:

“Imagínate en una barca en un río, con árboles de mandarinas y cielos de mermelada”—, el mismo aliento que palpita con naturaleza cotidiana en cada página de ‘Cien años de soledad’, bajo el nombre de realismo mágico.

O las muchas interpretaciones que merecieron tanto la portada del ‘Sgt. Pepper’s’ (el mito de la muerte de Paul McCartney en 1966 tiene en ella uno de sus pilares), como la diseñada para la segunda edición de la novela de García Márquez por el artista mexicano Vicente Rojo, quien invirtió la ‘E’ de ‘soledad’ para evidenciar el caos narrativo de la historia y desató las más disímiles conjeturas por ello.

(Hasta se ganó la queja de un librero, valga la digresión, que se puso a recortar y enderezar a mano, en libros ya impresos para la venta, lo que consideró un error de tipografía no advertido).

Otro ejemplo pertinente de coincidencias sería el hecho de que las dos obras —paridas por la posmodernidad, de ahí el carácter polifónico de ambas y el gusto por el pastiche y la apropiación— comparten pareja vocación por difuminar las fronteras establecidas entre lo culto y lo popular.

Para el ‘Sgt. Pepper’s’, Los Beatles recabaron la colaboración de cuarenta músicos clásicos; con ‘Cien años de soledad’, García Márquez logró escribir una novela ‘seria’ que se convirtió en un éxito de masas, una novela mayor que “se vende en todas partes como salchichas calientes”, para decirlo con palabras del propio autor.

En materia de recursos artísticos, el empleo de la narración enmarcada es un procedimiento compartido por ambas obras.

Se trata de una técnica en la que se incluyen uno o más relatos en el cuerpo de la narración principal, al estilo de ‘Las mil y una noches’, por citar uno de sus exponentes más conocidos, que es a la vez una influencia evidente en ‘Cien años de soledad’.

Si en la novela de García Márquez muchas historias emanan del relato principal sobre la familia Buendía —entre ellas, digamos, “la increíble y triste historia” que se cuenta en un par de páginas sobre “la cándida Eréndira y su abuela desalmada”—, en el ‘Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band’, el segundo tema, ‘With a little help from my friends‘, deriva de la primera canción (que da nombre al disco) y en la cual se presenta al ficticio Billy Shears como intérprete, junto a su banda, de ese y los demás temas del disco.

Algo de metaficción hay en todo ello, pues se hace consciente al oyente del carácter ficcional de la propuesta, como mismo ocurre en la novela del escritor colombiano y premio Nobel de Literatura con la inclusión de personajes salidos de las ficciones de otros autores: el Víctor Hugues del cubano Alejo Carpentier, el Lorenzo Gavilán del mexicano Carlos Fuentes y el Rocamadour del argentino Julio Cortázar.

A niveles más puntuales de coincidencia se pueden señalar las similitudes entre los personajes de una y otra obra.

En ‘She’s Leaving Home‘, sexto tema de la cara A del disco de Los Beatles, Lennon y McCartney refieren la historia de una joven que huye de su casa un “miércoles a las cinco de la madrugada” tras dejarle una nota a sus padres “con la esperanza de que lo explique todo”.

Inspirada, al parecer, en la historia verídica de una chica llamada Melanie Coe, la esencia de la misma se replica en la anécdota de una joven que en la vida real se fuga con su novio también en la madrugada y que transpone García Márquez, en clave de realismo mágico, en la historia de la ascensión al cielo de Remedios la Bella.

La misma clave que serviría para descubrir a William Kite —el artista circense mencionado en un afiche del siglo XIX que inspiró a Lennon para componer ‘Being for the Benefit of Mr. Kite!‘— como uno más de la tribu de gitanos trotamundos que llevaron el hielo a Macondo “como una simple curiosidad de circo” y con los que se fugó aún adolescente José Arcadio Buendía.

Y si McCartney retomó una canción compuesta en su adolescencia llamada ‘When I was about 15‘ —”una de esas canciones que siempre están a la mitad, y que pasa el tiempo y siguen en ese estado”, según dijera Lennon, una canción que Los Beatles tocaban cuando aún no llevaban ese nombre— y la incluyó en el ‘Sgt. Pepper’s’ rebautizada como “When I’m Sixty-Four“, no se debe olvidar que según el propio García Márquez empezó a escribir “Cien años de soledad” a los 18 años bajo el título de ‘La casa’, pero la abandonó por no contar con las herramientas de literato necesarias para llevar a buen puerto aquel proyecto.

En la nota escrita por García Márquez a raíz del asesinato de John Lennon (“Sí: la nostalgia sigue siendo igual que antes”, 16 de diciembre de 1980), el colombiano recuerda que en 1963 oyó “por primera vez de un modo consciente una canción de Los Beatles” y descubrió “que el universo estaba contaminado por ellos”.

Lo que nunca vislumbró, quizás porque forma parte de esos azares tan venturosos que tiene el arte, es que su novela cumbre y el álbum más celebrado del cuarteto inglés iban a compartir parejo destino de publicación y trascendencia.

Algo de ese destino compartido habría podido intuirlo en el rechazo inicial de su novela por parte de la editorial Seix Barral, que no dista mucho, por la magnitud del desacierto, del que en su momento sufrieron Los Beatles por parte de la discográfica Decca Records.

Por demás, seguro estoy de que una puesta al día de la icónica portada del ‘Sgt. Pepper’s’ no podría dejar de incluir a Gabriel García Márquez en su galería de personajes famosos y una edición cualquiera de ‘Cien años de soledad’ entre los disímbolos objetos que en ella aparecen, quizás porque “la única nostalgia común que uno tiene con sus hijos —García Márquez dixit— son las canciones de Los Beatles“.

…Y la lectura deslumbrante y gozosa de ‘Cien años de soledad’, me atrevería a concluir yo.


El flamenco conmemora la Revolución en la URSS, por primera vez en la historia musical española, en un disco titulado “1917” con letras inspiradas en poemas de Lenin y Mayakovsky entre otros.

“Las efemérides sirven para que uno se reconozca y entienda el momento histórico que vive. Es muy complicado meter a Mayakovsky por marianas y a Lenin por trillas. Esto es 1917, que cada uno haga lo que quiera”, admite a RT, consciente del reto, Joaquín Recio, alma máter de Atrapasueños, la cooperativa andaluza a la que se debe el nacimiento del disco ‘1917’.

Un homenaje flamenco protagonizado por la poderosa voz del cantaor sevillano Manuel Romero y la virtuosa guitarra de Eduardo Rebollar. Una sentida celebración desde las entrañas de Andalucía, en el sur de España, del centenario de la Revolución rusa  (y las demás).

Se trata de la primera vez que el flamenco y la lírica de diversos intelectuales revolucionarios se funden. Un disco pionero en la historia musical española que se rinde a unos hechos que cambiaron el mundo.

Entre los autores que este cantaor de la Sierra Sur sevillana, curtido en la potente fragua del cante, ha hecho flamencos, se encuentran, además de los rusos Lenin y Mayakovsky, el inglés Shelley, el alemán Bertolt Brecht, el vietnamita Ho Chi Minh o los españoles Javier Egea, Moreno Galván y el hispano-uruguayo Quintín Cabrera.

SEGUIR LEYENDO

Origen: Lenin se hace flamenco: Homenaje andaluz a la Revolución rusa en su centenario – RT


En Culiacán, capital del estado mexicano de Sinaloa (México), el mundo del narcotráfico está tan entreverado con la vida cotidiana que a duras penas se sabe dónde acaba la una y empieza el otro.

Los culiacanenses/as adoran como a un santo al legendario bandido Jesús Malverde y los populares narcocorridos exaltan las hazañas de los grandes capos de la droga, mientras algunos agricultores prefieren cultivar marihuana a tomates.

Y se vive; entre violencia y crímenes, pero se vive… con la bendición de Malverde, por supuesto.


El legendario formato de compresión de audio digital MP3 está técnicamente muerto, según anunció el Instituto Fraunhofer IIS, que inventó el formato y que posee sus derechos.

De acuerdo con el organismo, desde el pasado 23 de abril, eliminó oficialmente su programa de licencias, así que no saldrán más gadgets y reproductores capaces de soportar este formato.

La propia organización justifica esta decisión con la aparición de nuevos formatos, como ACC o MPEG-H, que resultan ser mucho más eficaces a la hora de comprimir audio sin bajar la calidad del sonido.

El formato MPEG-1 Audio Layer III, más comúnmente conocido como MP3, comenzó a desarrollarse en la década de los 80 y fue lanzado oficialmente en 1993. Se convirtió en un gran avance en cuanto a nivel de compresión y calidad para su época.

https://mundo.sputniknews.com/tecnologia/201705151069173423-musica-tecnologias-muerte-fraunhofer/


La Unión Europea de Radio y TV (UER-EBU) confirmó hace unas semanas que el gobierno ucraniano prohibía la actuación de la representante rusa en el Festival de Eurovisión, hecho que conculcaba todas las normas establecidas en aquel organismo continental. No importa.

La violación de leyes y claúsulas, artículos y códigos es norma habitual en la Unión Europea, sus organismos y su Mafia Mediática, cuyo concepto de los reglamentos y de la solidaridad ante la injusticia es tan alto como una sima abisal.

Ni una sola de las cadenas de TV presentes en ese circo osó levantar el dedo para denunciar el veto a la cantante rusa, por lo que en este blog y aunque el concurso en cuestión nos “la trae al pairo”, sí condenamos la exclusión de la artista Julia Samoylova y la declaramos ganadora absoluta, con su canción “Flame is Burning”.


Con más de medio siglo de proyección internacional, las música de África atesora intérpretes y compositores cuyos nombres son claves para entender la evolución de los sonidos del continente, algunos, por fortuna, aún están en activo como el sudafricano Hugh Masekela.


En plena década de 1950, cuando Elvis balbuceaba algunas baladas country, ya se habían editado varios títulos en los que se utilizaron los términos rock o roll (convenientemente silenciados en los poderosos medios de difusión), vocablos con evidentes connotaciones sexuales.

DE LO QUE NO CABE DUDA ES QUE CHUCK BERRY FUE LA VERDADERA ALMA DEL ROCK AND ROLL

Pero daba la casualidad de que sus intérpretes y creadores eran de raza negra, lo que impedía su difusión masiva, algo que hubiera cambiado el curso de la historia de la música popular, al menos en cuanto a su repercusión internacional se refiere.

GENIO Y FIGURA HASTA LA SEPULTURA

A los 90 años Charles Edward Anderson Berry, alias Chuck Berry, deja huérfano al rock and roll, pero sus descendientes y amigos pueden estar más que orgullosos, porque es aún y será, tal vez por siglos, un símbolo de varias generaciones, mil veces más auténtico, visceral y creíble, de lo fueron los falsos profetas de aquella música que ha superado ya los 60 años de existencia, pariendo hijos de distintas coloraciones y matices para todos los gustos.

No en vano, el propio John Lennon afirmó: “Si quisieras encontrar otra palabra para definir el rock and roll, tendrías que decir: Chuck Berry”

Entre las leyendas de la música, Chuck ocupa un lugar de excepción, como corresponde a un compositor dotado de un talento especial, que ha legado para la historia canciones que resisten las estaciones del año, los calentamientos globales y los ciclones de las nuevas tendencias musicales, con la solidez de las pirámides de Egipto y la belleza de la Mezquita de Córdoba, donde deleitó a miles de personas en el verano de 2008, dentro de los festejos del Festival de Guitarra.

Berry fue el primer artista de rock que escribía casi todas sus canciones. Sus textos, irónicos pero realistas, descarados aunque tiernos, denotaban su interés por la cadena invisible que unía a los jóvenes y el rock.

La mayor parte de esas obras evocaron las inquietudes esenciales del adolescente de la América macartista de los años 50 y 60: la segregación racial, el colegio, los coches, el sexo y el baile.

Su primer disco ve la luz el 21 mayo 1955, que tendría como tema estrella “Ida Red (1938), un viejo éxito de Bob Wills. La canción sería rebautizada por el joven Berry con el nombre de “Maybellene“.

Al año siguiente, en junio de 1956, nacía para gozo de la posteridad, el magnífico “Roll over Beethoven“, que por otra parte le supone la condena definitiva de la crítica más conservadora, acusándole de faltar el respeto al compositor alemán.

No obstante, en diciembre de ese mismo año, Chuck Berry aparece en el film “Rock, Rock, Rock”, en el que canta “You can’t catch me“.

En Agosto del 1957, publica un nuevo single, “Oh ! Baby doll” y participa en otra película: “Mr. Rock and Roll”, bajo el padrinazgo del astuto DJ Alan Freed, condenado en varias ocasiones por recibir dinero de las compañías discográficas, y más tarde, cocaína y marihuana.

En marzo del 58, Chuck Berry, imparable y brillante como nadie, edita “Sweet Little Sixteen”, que se clasifica en el nº 2 del Hit Parade de EEUU y 27º en Gran Bretaña.

Como dato curioso y revolucionario para aquellos años desde el punto de vista musical, señalaré que esa canción se estrenó en Julio, dentro del Festival de Jazz de Newport, hecho insólito que por suerte recoge un documental (programado en más de una ocasión en la TV cubana), titulado: “Jazz en una noche de verano“.

Desde entonces, Chuck Berry continuó lanzando genialidades sin cuento, entre las que tendremos “Beautiful Delilah”, “Little Queenie”, “Too Much Monkey Bussiness”, “Brown Eyed Handsome Man”, “Memphis Tennessee”, “Carol”, “Sweet Little Rock and Roller”, “You Never Can Tell”, “Nadine”, pero sobre todo el ya mentado “Johnny B. Goode”, título que algunos expertos consideran autobiográfico, y que sin duda alguna es su creación más veces registrada por otros colegas a lo largo de la historia.

El resto fue una interminable historia de películas, shows, discos, interrupciones debidas a detenciones, homenajes o largos y variados procesos judiciales (incitación a la prostitución, corrupción de menores, consumo de estupefacientes, incluso un homicidio), que le suponen algunos años de cárcel, cumplidos de forma discontinua.

Eran tiempos durísimos para Berry, en los que su personalidad y obra se reivindicarían hasta este siglo XXI, no sólo por medio de las voces de cientos de grupos y solistas veteranos o muy jóvenes (pero también por medio de renombrados realizadores de cine); desde los miembros de la potente British Invasión (Beatles, Rolling, Animals), hasta rutilantes estrellas como Springsteen o los Sex Pistols; desde directores como Taylor Hackford en Hail Hail Rock and Roll y Quentin Tarentino en Pulp Fiction.

El genio y poderío de Berry se sustentó, durante casi 70 años de carrera, sobre los cimientos de un estilo único: una enérgica base de blues en la que integra gotas de rockabilly, briznas de boggie boggie y una maravillosa forma de tocar la guitarra; secreto personal que ha llegado a ser legendario, inspiración de un número incalculable de artistas, que hoy reconocen a coro una verdad incontestable: Chuck Berry fue y es un elemento más que esencial en la historia y evolución del rock.

Personalmente, no albergo la menor duda de que Berry fue el verdadero Presidente de la República del Rock And Roll, al que cantaron Humble Pie, Iron Maiden, Jan & Dean, Waylon Jennings, Elton John, Tom Jones, AC/DC, The Animals, Paul Anka, Count Basie, The Beach Boys, The Beatles, David Bowie, The Byrds, Chubby Checker, Eric Clapton, The Dave Clark Five, Eddie Cochran, Cream, Dave Edmunds, John Denver, Bo Diddley, The Doors, The Electric Light Orchestra, The Everly Bros, Tanya Tucker, Conway Twitty, The Scorpions, Bob Seger, Sex Pistols, Shadows of Knight, Gene Simmons, Simon y Garfunkel, Spider Murphy Gang, Bruce Springsteen, Status Quo, Steve Gibbons Band, Rod Stewart, Uriah Heep, Gene Vincent, Wyclef Jean, Johnny Winter, The Yardbirds, Foghat, Rory Gallagher, Leif Garrett, Grateful Dead, The Germs, Bill Haley & His Comets, Emmylou Harris, Jimi Hendrix, Buddy Holly, Ted Nugent, Roy Orbison, Tom Petty & The Heartbreakers, Elvis Presley, The Ramones, REO Speedwagon, Keith Richards, Johnny Rivers, Tommy Roe, The Rolling Stones, Linda Ronstadt, Carlos Santana, James Taylor, George Thorogood, Three Dog Night, Judas Priest, The Kinks, Alvin Lee (Ten Years After), John Lennon, Gary Lewis & the Playboys, Jerry Lee Lewis, MC5, Peter Tosh y un larguísimo etcétera.

¿Hay quien dé más?


Por primera vez se presentará en Cuba la reconocida soprano española Laura Alonso Padín, en concierto único titulado “Sopranos”.

La presentación será este jueves a las 8 y 30 de la noche en la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana, Alicia Alonso.

Compartirá el escenario con cinco cantantes líricas cubanas, y la Sinfónica del Gran Teatro de La Habana, dirigida por Giovanni Duarte y la francesa Nathali Marín.

NOTA.- Laura Alonso Padín (2 de Enero de 1976, Villagarcía de Arousa, Galicia) es una soprano operística española. Cursó estudios de canto y violín antes de iniciar su carrera como intérprete. que se inició en Essen (Alemania) donde trabajó como miembro del elenco artístico y musical del Aalto. Logró una beca de la Fundación Alexander von Humboldt que le permitió estudiar voz bajo la tutela de Aldo Baldin, Anna Reynolds y Jean Cox y debutó junto a  Hartmut Höll en la Hochschule für Musik Karlsruhe. Es una de las sopranos frecuentemente invitada en los grandes teatros del mundo. Vive actualmente en Berlín y Nueva York.

http://laura-alonso.com/


¿Qué hay que vender para lograr un sueño? ¿Eres capaz de seguir adelante cuando te dicen que no puedes competir con los demás?

El camino al éxito nunca es de rosas y el príncipe del merengue, Omar Enrique, nos cuenta en Entrevista, de RT, cuál ha sido el suyo.

Mi carrera artística tiene un antes y un después de la campaña electoral de Chávez”, confía el cantautor venezolano, mientras explica por qué se equivocan los que creen que su éxito se debe al apoyo gubernamental.


Pocas semanas antes de su muerte, la legendaria intérprete cubana Celia Cruz aconsejó al cantautor cubano Raúl Paz “que no se metiera nunca en política” y, aunque Paz ha hecho su carrera fuera de la isla, se considera “profundamente cubano” y defensor de “la Cuba moderna”.

¿Con qué prejuicios se ha topado a lo largo de su carrera musical? ¿Por qué para un artista nunca es una suerte abandonar su país de origen? ¿Cuál debe ser el papel principal de un artista? Las respuestas, en boca de Raúl.

 



La entrega de los famosos premios Grammy nunca vivieron protestas contra el bloqueo a Cuba, ni contra las guerras e invasiones en las que se involucraba el imperio, ni contra el terrorismo que arrasó Libia y Siria, ni siquiera como rechazo a los golpes de estado en Latinoamérica (Honduras, Paraguay, Brasil), pero este año sí han servido como plataforma contra el presidente Trump.

Mantener contratos y actuaciones exigía pronunciarse contra el mandatario más vocinglero de la historia. El grupo de rock Katy Perri, Beyoncé, Jennifer López, fueron algunos de los que se pronunciaron al respecto.


ES LAMENTABLE QUE EL PASO DE LOS AÑOS AFECTE A LA DIGNIDAD, ATEMPERE LAS CONVICCIONES Y CONVIERTA EN CURSI A UNA MUJER COMO PATTI

ES LAMENTABLE QUE EL PASO DE LOS AÑOS AFECTE A LA DIGNIDAD, ATEMPERE LAS CONVICCIONES Y CONVIERTA EN CURSI A UNA MUJER COMO PATTI

No era noticia. Más de 1.600 invitados asistieron a la entrega de algunos de los Premios Nobel, entre los que se encontraba el de Literatura, otorgado, sorprendentemente y con polémica aún latente, al cantautor de Minnesotta Robert Zimmerman, alias Bob Dylan, quien anunció hace días su ausencia en el acto pero sí la presencia de su amiga y colega Patti Smith (Chicago, 1946), como sustituta encargada de recoger el cheque y el diploma correspondientes.

La singular cantante, célebre no sólo por álbumes tan sólidos como “Horses” o canciones tan comprometidas políticamente cual fue “People Have the Power“, luciendo una suerte de elegante smoking negro, protagonizó un inesperado fallo a la hora de cantar ante ese público “tan selecto” (a los 70 años es lógico perder el compás) justo en la mitad del tema “A Hard Rain’s Gonna Fall”.  (Minuto 1′:57″ del video)

Exquisitos/as, enjoyados/as y educados/as, los invitados aplaudieron a la anciana Patti como signo de generosidad, comprensión y simpatía.

La obra, original de Dylan, sonó envuelta en una suave guitarra, adornando una escena de un sarcasmo hiriente, un momento penoso e irrepetible, como fue que esa canción, que denuncia la guerra, la amenaza nuclear y la lluvia radiactiva, se ofreciera con una voz tan queda, tan dulcificada, en un marco dorado, barroco, lujoso, en exclusiva para la realeza, la “nobleza” y una alta burguesía en la que figuraban adinerados empresarios de corporaciones armamentísticas, al lado de banqueros y demás representantes de todo aquello de Patti ha criticado, denunciado y reprochado en más de una entrevista.

La naúsea y la risa que me produjo la escena, solo se atemperó cuando imaginé que Dylan, tal vez quiso contemplar las caras de extrañeza, desagrado o contrariedad del personal, ante versos como “Vi una habitación llena de hombres/ cuyos martillos sangraban,/ vi una blanca escalera cubierta de agua,/ vi diez mil oradores de lenguas rotas,/ vi pistolas y espadas en manos de niños,/ y es dura, es dura, es dura, muy dura,/ es muy dura la lluvia que caerá”.

A los pocos segundos me convencí de que Bob no quería pasar un mal rato y, sencillamente, le endosó la papeleta a la Smith que es buena persona hasta decir basta.

Pero lo que no se borrará nunca del archivo de Youtube, será esa Patti  temblorosa, frágil, emocionada como una colegiala, entregada artísticamente a los máximos representantes del estado sueco, los mismos que hoy persiguen a Julian Assange para que sea extraditado al imperio más criminal del globo.

Y entonces me di cuenta de que de ser bondadosa a ser una mentecata, solo hay un paso. Pero ahí queda, para los restos, la Patti que adoro, la de “El pueblo tiene el poder”.aunque no sea cierto.

 


(Un artículo de Litto Nebbia).- La noticia de un querido artista que se marcha del planeta siempre es una gran sorpresa, mezclada con la pena y el afecto que prodiga su arte.

leon-russell-1407782905-bigleonliveEl pasado 13 de noviembre nos dejó uno de los mejores músicos de rock internacional, extraordinario pianista, original cantor y maravilloso compositor.

Leon Russell, oriundo de Oklahoma, falleció durmiendo en Nashville a sus 74 años. Dos meses atrás se le había practicado un by pass. Sus comienzos fueron “entre las sombras”.

Desde muy joven estuvo metido en la industria discográfica, como músico sesionista en álbumes memorables. Tocando en discos de The Beach Boys (Pet Sounds), pasando por antológicas grabaciones del productor Phil Spector, Joe Cocker, The Everly Brothers o The Byrds (Mr. Tambourine Man), llegando a The Rolling Stones (Let It Bleed).

Multiinstrumentista, fue notable en el piano, pero muchas veces tomaba la guitarra. Productor y arreglador incansable: en 1969 dirigió la banda que acompañó a Joe Cocker, que se puede disfrutar en el film “Mad Dogs & Englishmen“. Al año siguiente produjo el álbum de B.B. King Indianola Mississippi Seeds, donde toca el piano y es autor de muchas de las canciones.leon_russell_in_2009

No había cumplido 30 años y decidió grabar un disco solista. Así apareció A Song For You, donde participan numerosas luminarias que lo admiran, como Stevie Winwood, Eric Clapton, George Harrison, Mick Jagger, entre otros. En 1971 participó del legendario Concierto de Bangla Desh junto a Bob Dylan y George Harrison.

Sobresale su manera de tocar el piano, siempre dentro de géneros como rock, blues, country o folk, pero también es notoria su manera de cantar: una expresividad cansina, casi un “vaquero” narrando su destino deambulando por la ciudad.

En 1975 se casó con Mary McCreary y registró el hermoso Leon & Mary Russell Wedding Album, que silenciosamente fue publicado en nuestro país ese año. Interpretadas por otros artistas, algunas de sus canciones se transformaron en verdaderos hits: “This Masquerade” (George Benson), “A Song For You” (Ray Charles), “Superstar” (Carpenters) y muchas más en las voces de Aretha Franklin, Barbra Streisand o Ella Fitzgerald.

Sin embargo, siempre con mucha actividad produciendo, arreglando o bien componiendo para otros, su carrera personal permaneció oculta de alguna manera.

Hasta que un día Elton John lo convocó para registrar el The Union (2010), argumentando su plena admiración por Russell y creyendo que es un acto de justicia que las nuevas generaciones sepan quién es. El disco llegó a los primeros puestos de venta por todo el mundo.

La discografía de Russell es enorme y nunca baja de calidad. Como todos los grandes, perdura su obra, y a pesar que sus obras casi nunca fueron publicada en nuestro país, es abundante el material que se puede encontrar de su música por internet.

https://www.pagina12.com.ar/4649-dos-que-ya-no-cambian


Bis Music, una casa discográfica cubana, presentará próximamente el DVD “El drum en Cuba“, material audiovisual que recoge siete números de importantes músicos de la isla caribeña, en el que destaca la participación del percusionista Enrique Plá.


El cantautor cubano, Raúl Torres, interpretó junto la Brigada Duaba un nuevo tema dedicado a Baracoa en la reunion del Consejo de Defensa Provincial, celebrado en esa ciudad, una de las más golpeadas por el huracán Matthew.

En las calles de la legendaria villa, la música eleva el espíritu de lucha y la participación en todas las obras que se llevan a cabo.

Actividades como esta suponen una inyección anímica para todos los baracoenses, que aún en las condiciones actuales seguimos dispuestos a sonreír y disfrutar de nuestra cubanía.


Marginalmente a que el premio Nobel, en todas sus materias, me importe tres pimientos, el de literatura, concedido esta vez a Robert Zimmerman, alias Bob Dylan, en detrimento de un poeta más exquisito y merecedor, como Leonard Cohen, me ha parecido tan oportunista como inoportuno y desmesurado.

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ADMIRO LA OBRA DE AMBOS, PERO SIN TEMOR A DEBATES O DISCUSIONES QUE EL PREMIO NO MERECE, CREO QUE LEONARD ES MÁS POETA Y CANTANTE QUE DYLAN, PERO MENOS INNOVADOR COMO MÚSICO Y GUITARRISTA

Si ha habido en la historia de los cantautores uno que en verdad se hiciera merecedor de un galardón mundial por su obra, no hay duda de que el elegido, en mi modesta opinión, hubiera sido el francés Georges Brassens.

SI HAY QUE PREMIAR A UN POETA, MÚSICO Y CANTANTE, HAY QUE HABLAR DE GEORGES BRASSENS, EL MÁS COMPLETO DE LA HISTORIA DE LA MÚSICA POPULAR

SI HAY QUE PREMIAR A UN POETA, MÚSICO Y CANTANTE, HAY QUE HABLAR DE GEORGES BRASSENS, EL MÁS COMPLETO DE LA HISTORIA DE LA MÚSICA POPULAR

Al genio de Sête, cuyos restos descansan en el cementerio de Le Py, conocido por “el de los pobres”, le bastó el Gran Premio de Poesía de la Academia Francesa.

El Nobel, desde hace años, apesta a pucherazo. Es ya una suerte de Premio Planeta (que, por cierto, se entrega mañana, día 15) con ribetes de mercadotecnia globalizada y un miligramo de “compromiso estético” que, para colmo, acompañan con un razonamiento con hedor a redicho.

Pero disculpen estos rodeos periodísticos y volvamos a mi admirado, pero no venerado, Dylan.

Tengo tantos discos del autor de “Like a Rolling Stone” como para llenar un baúl, pero cuando ayer por la mañana leía la noticia del premio Nobel, tuve que empaparme el gañote con un whisky sin rocas.

Sabido es que los/as miembros/as de la Academia sueca, que entregan un cheque de casi 1 millón de euros junto al galardón, vienen cultivando una astuta y rastrera estrategia “comercial” casi navideña, adobada bajo una hoja de derechismo punzante como las hojas de muérdago.

Ya imagino reunidos, en torno a belenes repletos de ovejas y árboles de plástico cargados de bolas,  a miles de abuelos hippies cantando “Blowin’ in The Wind” juntos a sus hijos heavies y sus nietos postmodernos.

En 2015, el Nobel y su pasta gansa fueron a parar a manos de Svetlana Aleksiévich, una perrodista bielorrusa, anticomunista y enemiga acérrima del presidente Alexander Lukashenko, autora de crónicas y novelas tan dramáticas, densas y originales como las letras de las canciones de Georgie Dann.

Naturalmente, los/as sesudos/as componentes del grupo sueco saben asear sus lamentables decisiones con alguna “salida de tono” (lo que confirma la regla), como premiar a Jean Paul Sartre (que se negó a recoger dinero y diploma) o años más tarde a Pablo Neruda, Gabriel García Márquez y Darío Fo, por poner cuatro ejemplos de autores rotundos, indiscutibles y connotados antifascistas.

Pero lo más chusco de esa caterva sueca formada por 18 pajilleros/as mentales y pelotilleros/as cum laude, se explica sin necesidad de comentarios.

Reconozco que tuve algún espasmo de rabia cuando premiaron a incalificables autores de subproductos literarios, como los publicados por la mentada bielorrusa, el ruso Alexander Solzhenitsyn o el chino Mo Yan. Me vacuné, leyendo a Rafael Chirbes.

Regreso a Dylan. La Academia le ha reconocido por haber creado nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición americana de la canción”. 

Respiro hondo, río a carcajadas y sigo escribiendo. La gillipollez del jurado del Nobel es del tamaño del Ártico…

!Manda huevos¡ ¿¡¡Gran tradición de la canción americana!!? ¿No sería más correcto escribir “dentro del rock estadounidense“?

Ustedes disculpen, señoras y señores “nobelistas”, pero para “gran tradición de la canción americana“, ahí están Cuba, Brasil, México, Colombia o Argentina.

A partir de hoy, el creador de “Knockin’ on Heaven’s Door” se codeará en Internet con los señalados Fo, Neruda y García Márquez, pero también codo a codo con George Bernard Shaw, Thomas Mann, Luigi Pirandello, Gabriela Mistral, Ernest Hemingway, Samuel Beckett y Albert Camus.

En mi inocencia, pensaba que una cosa era el Grammy y otra el Nobel, pero ambas medallas se han fundido este año en la “Highway 61 Revisited“.

El premio al genial autor de “Sad Lady of the Lowlands” supondrá un pequeño disgusto para el escritor  Gonzalo Torné (Barcelona, 1976) padre de las novelas “Hilos de sangre” o “Divorcio en el aire”,  esta última una divertida diatriba contra el matrimonio.

Hace solo unos días, ante la pregunta de: ¿Cuál es el Nobel de Literatura que más le ha decepcionado?, Torné respondía:

Hombre, decepción, decepción… No sé si alguno me ha decepcionado. Para decepcionarme se lo tendrían que dar a Bob Dylan o a Paulo Coelho, algo así“. Pues diste en el clavo, Gonzalo.

Mientras tanto, Leonard Cohen, un POETA con mayúsculas, cantante, músico, pero canadiense y sin haber disfrutado en su larga vida de tanta alharaca mediática, lanzará su última obra.

Cuando hace tres meses le comunicaron que Marianne Ihlen, su primera esposa, musa y entrañable amiga, estaba a punto de morir, Cohen le escribió:

Bien, Marianne, hemos llegado a este tiempo en que somos tan viejos que nuestros cuerpos se caen a pedazos; pienso que te seguiré muy pronto. Que sepas que estoy tan cerca de ti que, si extiendes tu mano, creo que podrás tocar la mía. Ya sabes que siempre te he amado por tu belleza y tu sabiduría pero no necesito extenderme sobre eso ya que tú lo sabes todo. Solo quiero desearte un buen viaje. Adiós, vieja amiga. Todo el amor… Te veré por el camino.

Con esas palabras, Leonard daba a entender que su final también está próximo.

El autor de poemas y músicas tan hermosas como “Bird on The Wire, “Sisters of Mercy”, “Suzanne”, “First We take Manhattan” o “Take This Waltz“, se irá de este mundo sin el premio Nobel.

Pero ello le dignifica aún más.

 

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